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Cuba: un hito hacia una generación libre de sida

© UNICEF Cuba/2013/García

© UNICEF Cuba/2013/García

Mientras un informe publicado el 25 de junio por la Comisión de ONUSIDA y ‘The Lancet’ llama de manera urgente a una mayor inversión en la prevención del VIH a fin de reducir nuevas infecciones por el virus y su transmisión, los esfuerzos sostenidos de Cuba para prevenir la transmisión materno-infantil trajeron al mundo una noticia positiva al convertirse en el primer país del mundo que termina con éxito el proceso de validación formal liderado por OPS/OMS y UNICEF sobre la eliminación de la transmisión de madre a hijo del VIH y la sífilis congénita.

Este hito es una buena oportunidad para hacer una pausa y reflexionar sobre todo el proceso. Mirar hacia atrás, a todo lo que se ha hecho para lograr ese resultado; y también mirar hacia adelante, a todo lo que queda por hacer para lograr una generación libre de sida.

Así pues, ¿cómo ha evolucionado la situación desde 1986, cuando se diagnosticaron los primeros casos de VIH en Cuba? Al final de los años ochenta eran muy poco frecuentes los embarazos entre mujeres diagnosticadas con VIH y conscientes de su estado. La tasa de transmisión materno-infantil sobrepasaba el 40%. Se realizaba solo una prueba de VIH en el primer trimestre del embarazo. El parto por cesárea y la suspensión de la lactancia materna eran las únicas medidas preventivas que se aplicaban para las madres diagnosticadas con el virus.

Con la mejora del conocimiento, se mejoraron también las medidas de control y prevención. Actualmente, se realizan tres pruebas del VIH a todas las embarazadas en el país, una en cada trimestre. Todas las embarazadas diagnosticadas con VIH tienen acceso al tratamiento antirretroviral, sus hijos e hijas reciben profilaxis y se les realizan pruebas del VIH durante su primero año de vida. Gracias a esos esfuerzos en la prevención, el control y la vigilancia del VIH, en los últimos años se observa un incremento en los embarazos de mujeres seropositivas y la tasa de transmisión materno-infantil del VIH ha disminuido al 1.85%, por debajo de la meta del 2%.

Sin embargo, un hito no es el fin del proceso. Aún tenemos un camino muy largo por recorrer para lograr un mundo libre de sida. En Cuba, como en muchos países del mundo, nuestro gran reto es mejorar el conocimiento de la población sobre la transmisión del VIH.

Nuestro trabajo se centra en apoyar los esfuerzos del país en la prevención del VIH y sensibilizar a los adolescentes y los jóvenes sobre el virus, ya que se evidencian una baja percepción del riesgo y comportamientos sexuales inadecuados. Por ejemplo, cerca de una tercera parte de las y los jóvenes se inicia en la vida sexual sin tomar medidas de protección, y algo más de la mitad considera no tener absolutamente ninguna probabilidad de infectarse con el VIH[1]. Solo el 60.9% de las mujeres y 58.6% de los hombres de entre 15 y 24 años identifican correctamente dos formas de prevenir la transmisión sexual del VIH[2]. También es necesario seguir trabajando contra la discriminación hacia las personas que viven con el virus.

Ahora que Cuba ha logrado este hito, tomemos un tiempo para celebrar todos los increíbles avances que se han hecho en la lucha contra el VIH y el sida desde la década de los ochenta. Después, sigamos adelante y continuemos trabajando para eliminar los obstáculos que quedan en el camino hacia una generación libre de sida.

[1] ONEI, Cuba.
[2] Encuesta de Indicadores Múltiples por Conglomerados, Cuba, 2014.

Anna Lucia D’Emilio es la Representante de UNICEF Cuba.

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Cuba : une étape importante sur la voie menant à une génération libérée du SIDA

© UNICEF Cuba/2013/García

© UNICEF Cuba/2013/García

Alors qu’un rapport publié le 25 juin par la Commission ONUSIDA-Lancet lance un appel urgent en faveur d’investissements plus importants dans la prévention du VIH afin de réduire le nombre de nouveaux cas d’infection et de transmission, les efforts soutenus de Cuba pour prévenir la transmission de la mère à l’enfant ont permis d’apporter au monde entier des informations positives : Cuba est devenu le premier pays à avoir achevé le processus officiel de validation d’élimination de la transmission verticale du VIH et de la syphilis congénitale, un processus dirigé par l’OPS/OMS et l’UNICEF.

Cette importante étape constitue l’occasion de prendre le temps de réfléchir sur l’ensemble du processus, d’examiner rétrospectivement tout ce qui a été réalisé pour parvenir à ce résultat et de considérer tout ce qui reste encore à faire pour parvenir à une génération libérée du SIDA.

Comment a donc évolué la situation depuis 1986, l’année au cours de laquelle avaient été diagnostiqués les premiers cas de SIDA à Cuba ? Durant la fin des années 80, il était très peu fréquent pour les femmes séropositives conscientes de leur état d’envisager une grossesse. Le taux de transmission mère-enfant se situait au dessus de 40 %. Seulement un test de dépistage du VIH était effectué pendant le premier trimestre de la grossesse. Les mesures préventives pour les mères séropositives consistaient seulement en une césarienne et l’interruption de l’allaitement au sein.

Alors que les connaissances se sont améliorées, il en a été de même pour les mesures de prévention. Aujourd’hui, toutes les femmes enceintes subissent trois fois des tests de dépistage du VIH, un pour chaque trimestre de grossesse. Les femmes enceintes positives ont accès au traitement antirétroviral et leurs enfants reçoivent des soins prophylactiques et subissent des tests de dépistage au cours de leur première année de vie. Grâce à ces efforts de prévention, de contrôle et de suivi du VIH, au cours de ces dernières années, les grossesses de femmes séropositives ont augmenté et le taux de transmission mère-enfant du VIH est tombé à 1,85 %, au-dessous de l’objectif de 2 %.

Cependant, une étape importante ne représente pas la fin du processus. Nous avons encore beaucoup de progrès à faire pour libérer le monde du SIDA. À Cuba, et dans beaucoup d’autres pays du monde, notre plus grand défi est d’améliorer les connaissances des populations sur la transmission du VIH.

À Cuba, notre action porte sur l’appui des efforts de prévention du pays et de la sensibilisation au VIH chez les adolescents et les jeunes, les données révélant une perception faible des risques et des comportements sexuels à risque : environ un tiers des jeunes commencent leur vie sexuelle sans protection et environ la moitié d’entre eux considèrent qu’ils n’ont aucun chance d’être infectés par le VIH [1]. Seulement 60,9 % des femmes et 58,6 % des hommes âgés de 15 à 24 ans identifient correctement deux manières de prévenir la transmission du VIH par voie sexuelle [2]. Il est également nécessaire de continuer à lutter contre la discrimination envers les personnes qui vivent avec le VIH et le SIDA.

Une étape importante ayant été atteinte, prenons un peu de temps pour saluer les incroyables progrès qui ont été accomplis dans la lutte contre le VIH et le SIDA depuis les années 80. Et ensuite, allons de l’avant et employons-nous à l’élimination des derniers obstacles subsistant sur la voie menant à une génération libérée du SIDA.

Anna Lucia D’Emilio est Représentante de l’UNICEF à Cuba.

[1] Bureau national des statistiques et de l’information, Cuba.
[2] Enquête en grappes à indicateurs multiples, Cuba, 2014.

Foto encuentro

Día Mundial del Sida 2014: el VIH y yo

Soy consejero de pares, y soy VIH positivo desde hace seis años. En cierto modo, no lo veo como algo malo porque aprendí a vivir distinto, a ser más humano y mejorar mi calidad de vida y mi autoestima.

Cuando me dieron el diagnóstico fue algo crudo en mi vida. No sabía qué hacer. En aquel momento vinieron a mí mente dos cosas: ¿a quién se lo digo? y ¿qué será de mi vida? Carlos, un amigo también VIH positivo, me ayudó a mejorar mi autoestima. Pude entender que mi pelea no era ni es contra el VIH, mi pelea era y sigue siendo lograr cambios sociales que me permitan ser considerado como una persona, sin lástima, emprendedora y que goza de los mismos derechos que todo ciudadano ecuatoriano.

Mi lucha ha sido dura. Durante una época, cuando recién empecé el tratamiento, se desabasteció la reserva de terapia antirretroviral en mi hospital. Nos hacían ir todos los días por una dosis ya que por la falta no entregaban el medicamento por el mes entero, como debía ser. Recién comenzaba el tratamiento, y estaba cansado de ir todos los días al hospital por una sola dosis. Perdí mi empleo por pasar en el hospital haciendo largas filas para el medicamento aunque madrugara. Era intenso, ya que el hospital da servicio a todas las personas de las provincias e incluso dormían ahí con la esperanza de que se les entregue medicamentos para por lo menos 15 días.

Una mujer hace una señal con sus manos

© ONUSIDA/2014

En ese entonces no sabía lo que era el activismo. Conocí a algunas personas, entre ellos mis compañeros que siguen siendo activistas. Noté que presionaban al director del hospital a través de los medios de comunicación para que diera respuesta ante el desabastecimiento. Fue entonces que decidí acercarme a los medios y comencé a exigir al gobierno que garantizara los medicamentos. Aunque los medios sabían que no podían tomarnos fotos por confidencialidad, un medio local me fotografió sin darme cuenta y sin mi consentimiento. Esta noticia salió en la prensa con mi imagen, y me hice visible. Me preocupé porque mi salud estaba en juego.

Mi familia no sabía mi estado, y una tía se enteró de que tengo VIH a través del periódico. Comenzó a decir a todos que yo era una persona con sida, y mi barrio también se habría enterado si no la hubiese detenido. Mis compañeros me ayudaron a solucionar el problema antes de que más personas se enteraran de esto. En la actualidad sólo lo saben mi madre -quien se enteró por mi tía-, una prima que fue la primera a quien yo se lo dije por ser como mi hermana, un tío y mi abuelo. Estos dos últimos me discriminaron totalmente, alejándose de mi familia y de mi casa. Mi tía le decía a mi madre que se alejara y se apartara de todo lo que estuviera relacionado conmigo, ya que yo les iba a contagiar a todos en la casa y tenían que hacerse un examen urgente para ver si ellos también tenían sida.

Mis compañeros, actualmente consejeros y activistas, se acercaron a mi madre, hablaron con ella y sentí su gran apoyo incondicional. Cuando mi mamá se enteró de que tengo VIH, fue devastador para ella. Se sintió derrotada al pensar que me iba a morir. En ese momento no sabía qué hacer ni cómo defenderme. Encontré consuelo en mis amigos, mis colegas de la organización a quienes ahora considero mi familia. Vinieron a mi casa y conversaron con mi mamá sobre VIH. Compartieron con ella sus experiencias y todo lo que ellos vivían y habían vivido. Le dijeron que yo no estaba solo porque tenía el apoyo de cada uno de ellos. Mi mamá sintió un gran consuelo y apoyo al conocerlos y escucharles a todos, y aceptó que tengo VIH. Me abrazó, lloró conmigo y me dijo que siguiera adelante y que no pensara en lo malo sino en lo valioso que soy, que podía contar con ella en todo y que estaría a mi lado siempre.

Foto encuentro

Participantes en el Primer Encuentro Nacional de Adolescentes y Jóvenes Positivos, septiembre de 2014. © UNICEF LACRO/2014/Metellus

Cuando recién supe mi diagnóstico, empecé un voluntariado porque sentí la necesidad de hacer algo más. Mi proceso se logró dentro de una organización donde encontré a personas que ya vivían con VIH por muchos años, quienes compartieron sus experiencias conmigo y me brindaron apoyo. Yo sentí las ganas de aprender sobre el tema y así transmitir y enseñar a otras personas que son diagnosticadas con VIH. Fortalecí mis habilidades durante mucho tiempo para brindar consejería de pares en orientación y apoyo a las personas viviendo con VIH, difundiendo información sobre el virus y sobre sus derechos. Con el tiempo, logré formar parte del liderazgo de la organización. De esta manera, promuevo la calidad de vida de otros jóvenes como yo para empoderarles, impactando la vida de cada uno.

Sin embargo, la discriminación persiste porque las oportunidades de trabajo son pocas. Tengo años dejando mi currículo en varias empresas, cumpliendo todos los requisitos y teniendo el conocimiento necesario para los puestos vacantes anunciados. Pero mi mayor experiencia se basa en VIH, y he desempeñado trabajos como educación para la salud, promotor de la salud, técnicas de facilitación, y otros que constan en mi currículo. Pero por más que yo maquille esto, tengo que explicar los diplomas que he obtenido y mi experiencia al posible empleador. Me preguntan de todo, y es ahí donde encuentro la prueba de fuego, cuando veo los gestos de la persona y me hacen la pregunta del millón: ¿usted es portador? A veces lo niego, y a veces no, sólo por tratar de obtener el puesto de trabajo que necesito. Sin embargo, me quedan mirando como cosa rara y me dicen que me llamarán. Esa respuesta ya la conozco muy bien.

Sólo puedo decir que una persona que vive con VIH es una persona normal que goza de una condición de salud especial. Yo vivo esta realidad, y muchos no saben lo que es el virus. Solo una persona viviendo con VIH puede explicar mejor lo que es, y conversando entre pares hay una química donde el otro se lleva algo de mí y yo me llevo algo de ellos. Esto es una experiencia que nadie comprende si no es parte de nuestro mundo. Siempre seguiré colaborando como un consejero de pares, aprendiendo más de cada persona. Vivir con VIH no me detiene ni me limita. Al contrario, me motiva porque una condición de salud no debe ser motivo para discriminar a nadie. Que sería de mí sin……

Humor Inteligencia Vida

Héctor* es un miembro de la Red de Adolescentes y Jovenes Positivos de Ecuador y ayuda a otros jóvenes positivos trabajando como consejero de pares con el Grupo F.A.V.U., una organización de Ecuador que ayuda a las personas que viven con VIH/SIDA a mejorar su condición de vida. Él compartió su historia con UNICEF durante el primer encuentro nacional de la Red de Adolescentes y Jóvenes Positivos, realizado en septiembre de 2014, de manera previa al Día Mundial de la Lucha contra el VIH/sida 2014.

Editado por Eveliz Metellus, voluntaria de la ONU del Programa para VIH y SIDA de la Oficina Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe. El artículo apareció originalmente aquí.