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¿Qué pueden hacer las empresas de telefonía móvil para proteger a la infancia de la violencia?

Girls look at a mobile phone at All Children Education (ACE), a private school for immigrant children, in Philipsburg, the capital. Most of the students lack legal documentation of their immigration status. Open since 2001, ACE had been one of the few schools for undocumented child immigrants prior to the 2010 education reform that permitted their attendance at public schools. In September 2011, Sint Maarten, a year after gaining its autonomy from the Netherlands, continues working to advance the welfare of its children. Nevertheless, like its sister islands in the Caribbean – Aruba and Curaçao – Sint Maarten remains part of the Kingdom of the Netherlands and bound by its international treaties, including the Convention on the Rights of the Child (CRC). To assess the status of Sint Maarten’s children, UNICEF was invited to undertake a ‘situation analysis’ – UNICEF’s core methodology to define child welfare in the context of an array of social, economic, political, institutional and historic factors. The aim was to evaluate progress and challenges in realizing the rights of children and women in the country and to make recommendations for policies and social actions to improve these conditions. The analysis noted Sint Maarten’s generally favourable economic status but also its high dependency on tourism, which provides limited employment options for islanders and makes them highly vulnerable to global economic downturns; by 2010, unemployment rates had surpassed 12 per cent. Child health indicators have improved in key areas – under-five child mortality rates were reduced from 12.7 per 1,000 live births in 2005 to 7.6 per 1,000 live births in 2008. However, unlike Curaçao and Aruba, Sint Maarten has limited healthcare insurance, available only to those who hold a legal job, leaving the families of the unemployed and undocumented immigrants to pay out of pocket. Additionally, although the country’s vaccination programme for children aged 0¬

© UNICEF/NYHQ2011-2000/LeMoyne

Pese al continuo desarrollo que experimenta América Latina y el Caribe, la violencia contra la niñez -especialmente contra niñas y adolescentes- sigue pasando a menudo inadvertida, sin ser escuchada o ni siquiera reportada. Como consecuencia de estos episodios, efectos duraderos impactan y marcan de por vida a muchos niños y niñas. ¿Cuál es el rol de la industria de la tecnología, y particularmente de los operadores móviles, en esta agenda?

Afortunadamente, cada vez existen más líneas de ayuda para niños, niñas y jóvenes o ‘child helplines’ que, mediante un mensaje de whatsapp o de texto, una aplicación o una llamada gratuita, conectan a los jóvenes con centros de atención donde pueden recibir ayuda en situaciones de riesgo tales como abuso físico, negligencia, intimidación, acoso cibernético, entre otras situaciones.

Según la organización que engloba estas líneas de ayuda, Child Helpline International, más de 200,000 niños y jóvenes contactaron con este tipo de líneas durante 2012 y 2013 en nuestra región. En la mayoría de casos (19%) fue para solicitar asistencia e intervención en casos de presuntos abusos o violencia.

Las empresas de telefonía, lideradas por la GSMA -asociación que representa a la industria móvil a nivel global- facilitan que sus jóvenes usuarios puedan contactar con estas líneas, permitiendo llamar de manera gratuita y ayudando con su difusión y promoción. Pero estas compañías todavía pueden hacer mucho más para ayudar a prevenir situaciones de violencia y acoso infantil que podrían impactarlos de por vida si no son resueltos a tiempo.

Otra contribución necesaria del sector privado debería ser ayudar a impedir que se haga un uso indebido de sus redes y servicios para difundir material de explotación sexual infantil. Es necesario sumar a más empresas a formar y mantener líneas de ayuda junto a los Ejecutivos,  que permitan bloquear y dar de baja reconocidos sitios que albergan este tipo de contenidos en línea. Afortunadamente, países de la región como Perú y Colombia ya están avanzados en los sistemas de bloqueo, y otros -gracias al liderazgo de Millicom/Tigo, Telefónica y los gobiernos- están mostrando importantes progresos.

Inhope, la red que aglutina a más de 50 de estas ‘hotlines’, procesó el año pasado 89.758 denuncias de sitios con materiales de abuso sexual infantil en la Red en todo el mundo, es decir, un 63% más que en 2013. De estas páginas, casi la mitad (el 48%) tenían su ‘hosting’ en las Américas. La gran mayoría de las víctimas (72%) tenían entre 9 y 12 años. Pese a los avances, resulta difícil digerir que en nuestra región se sigan utilizando las redes de las empresas para acceder a sitios que han sido bloqueados hace años en otros países.

Finalmente, toca a las empresas de tecnología seguir trabajando con padres, madres y educadores para lograr un uso de las TIC lo más responsable y seguro posible para los niños. Los adultos deben involucrarse en esta experiencia, si bien no siempre es fácil ya que muchos de ellos entienden bastante menos de tecnología que sus hijos, quienes en ocasiones navegan por la Red sin supervisión ni conocimiento de sus padres. Otra oportunidad de colaboración con empresas podría ser la de generar mecanismos que permitan identificar a los usuarios de sus servicios pre-pago para que los menores de 18 años de edad reciban un servicio diferenciado.

Somos conscientes de que todos podemos y debemos hacer más por promover un entorno digital seguro para la infancia. También las empresas de telefonía móvil. Por ello, en UNICEF, como parte del trabajo de promoción de los derechos de infancia en el sector de tecnología, lanzamos la campaña ‘Stand Up Mobile’ para, en clave de humor y a través de monólogos de comedia en vivo, reflejar el uso que los más jóvenes le dan a los celulares y concienciar al sector privado de todo lo que pueden hacer para proteger a la infancia ‘online’.

Entre estas acciones, les sugerimos colaborar con organizaciones sociales a través de campañas de recaudación, promover líneas de ayuda para niños y adolescentes, realizar campañas de concientización contra el ‘cyberbullying’, facilitar sistemas para bloquear y denunciar contenidos en línea de abuso infantil, o fomentar la innovación y el uso positivo de la tecnología móvil para una participación activa de niños y adolescentes.

Además de (¡por supuesto!) en Internet, los monólogos se están viendo en la región a través de Comedy Central y Paramount Channel gracias al apoyo de Viacom. La reacción por parte de los operadores de telefonía está siendo positiva, y estamos logrando hacerles llegar nuestro mensaje a través de un enfoque diferente.

Y a ustedes, ¿qué les parecen? Aquí pueden ver los spots protagonizados por los comediantes Ricardo Quevedo, Juan Barraza y Fabrizio Copano.

Marcelo Ber es Especialista de Responsabilidad Social Empresarial en la Oficina Regional de UNICEF para América Latina y el Caribe

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El devastador impacto del ébola en los niños africanos

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Un miembro de UNICEF muestra a los niños cómo lavarse las manos para evitar el contagio.
© UNICEF/NYHQ2014-1522/La Rose

El pueblo de Meliandou, en Guéckédou (Guinea Conakry), donde se cree que nació el último brote de ébola, es probablemente uno de los lugares más difíciles de alcanzar del país. Es un viaje de dos días desde la capital, Conakry, seguido de una caminata por la densa selva tropical.

Hace poco fui a Meliandou, acompañado de responsables y aliados en temas de protección infantil, para entender cómo el ébola está afectando a los niños. Lo que nos encontramos confirmó nuestras sospechas: no había cientos, sino miles de niños que han perdido a sus padres, abuelos, hermanos y hermanas, o que se han quedado huérfanos por esta enfermedad mortal.

En los pueblos pequeños los niños sin padres son vulnerables a la estigmatización, el hambre, la desnutrición y, en algunos casos, la violencia. Algunos de estos niños también son supervivientes del ébola.

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El personal de UNICEF discute temas sobre protección infantil con los ancianos y miembros de la comunidad, durante una sesión de información sobre el ébola, en la aldea rural de Meliandou en Guéckédou. © UNICEF/NYHQ2014-1500/La Rose

La historia de Jennette
Durante nuestra visita hablamos con Jennette (nombre ficticio para proteger a la niña), de 13 años, quien nos contó su experiencia con el ébola. Nos ofreció sentarnos en un tronco delante de la casa de su madre; los niños del barrio, curiosos ante la llegada de unos extranjeros, dejaron de perseguir a un pollo y se congregaron para ver qué pasaba.

“Estaba a punto de terminar sexto curso en Guéckédou cuando se produjo el brote de ébola. Cuando mi abuela enfermó, ella y mi tía me pidieron que les ayudara. Limpié el vómito y la sangre y lave las sábanas sucias”.

“Cuando mi abuela se puso peor, la llevaron a su pueblo natal para que la atendiesen mejor. Murió en el camino. Después del funeral me empecé a sentir mal. Tenía fiebre y empecé a tener diarrea y vómitos”

Jennette y su familia fueron trasladadas a un centro de tratamiento del ébola cercano. Una vez ingresadas, Jennette dio positivo, al igual que su hermana y su madre, que también habían contraído la enfermedad durante el funeral.

“Estábamos 5 en una habitación, que compartía con mi hermana, y había una persona por cama. Nos dieron la medicina para que nos la tragásemos. A veces recibíamos la visita de nuestros hermanos, que estaban cubiertos de pies a cabeza con ropa especial. En nuestra habitación murió una persona”, recuerda.

“Tras 23 días en el centro de tratamiento, estaba curada y recibí el alta. A pesar de estar sana otra vez, no podía ser feliz. He perdido a mi tía materna y a mi abuela; las dos fueron asesinadas por esta enfermedad. El ébola se ha llevado a 7 miembros de mi familia. Le doy gracias a Dios por salvar a mi madre y a mi hermana”.

“Me tendrán que ayudar porque mi abuela lo dio todo por mí y no puedo volver a casa de mi tía [paterna] porque me amenazaba mucho cuando yo estaba enferma. Hasta el momento, nunca se ha interesado por mi estado”.

Ante el estigma de su propia tía, que la echó de su casa, Jennette rompió a llorar mientras hablaba con nosotros.

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Es un viaje de dos desde la capital de Conakry seguido de un largo paseo a través de la densa selva tropical para llegar Meliandou. Fuente: Google Maps

La situación de los niños durante la epidemia
Hablé con muchos niños que me contaron historias similares. Habían perdido a uno o a sus dos padres y habían pasado por un periodo de estigmatización, en ocasiones incluso por parte de sus propias familias. Con el tiempo, muchos fueron recibidos de vuelta en la escuela y por sus amigos. La mayoría estaban viviendo con otros miembros de sus familias.

Sus historias eran desgarradoras. Una niña nos dijo: “Después del cole trabajo en casa y juego con mis amigos. No tengo lápices, no tengo zapatos, lloro cuando veo a mis amigos con los zapatos que les dieron sus padres”.

UNICEF ha estado evaluando la situación de los niños afectados por el ébola. Nuestro primer paso fue averiguar dónde están y qué necesitan. Ahora que ya lo sabemos, estamos poniendo en marcha programas para garantizar que estos niños y niñas sean atendidos en el seno de una familia tan pronto como sea posible médicamente hablando; y que ellos, sus familias y sus comunidades, reciban apoyo psicosocial.

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Un especialista en Comunicación de UNICEF discute temas relacionados con el ébola con los líderes religiosos de Guinea, durante una sesión de entrenamiento en la Gran Mezquita, situada junto al hospital de Donka y su sala de aislamiento, en Conakry.
© UNICEF/NYHQ2014-1502/La Rose

La lucha contra el ébola en Guinea
Durante los primeros días del brote, los síntomas, que son similares a los de otras enfermedades que asolan el país, enmascaran la gravedad de la enfermedad y su naturaleza. El ébola no llegó sólo a Guinea. Unicef y sus aliados ya estaban luchando contra otras dos epidemias -de sarampión y meningitis- y contra la principal causa de muerte de niños menores de 5 años: la desnutrición.

El ébola se transmite por contacto directo con los fluidos corporales de las personas infectadas. Si esto se desconoce, las personas de las zonas afectadas, incluyendo los trabajadores de la salud, son especialmente vulnerables.

Hablamos con un especialista en enfermedades infecciosas que trabaja en el centro de tratamiento del ébola en el Hospital Donka, en la capital, Conakry:

“Los niños no podían estar acompañados en el centro; por eso los médicos asumimos todo lo referente a su cuidado. Les lavábamos, les alimentábamos, les mecíamos y les consolábamos. Algunos habían perdido a sus padres por la enfermedad, y para quienes no se habían quedado huérfanos, la situación suponía todo un reto para sus padres. Estos se vieron separados de sus hijos y sólo podían verlos a través de una pantalla transparente en el centro. Para muchos era muy difícil, pero después de explicárselo mucho entendieron al final que era por el interés superior del niño”.

Cuando volvíamos a Conakry, saltó la noticia de un nuevo repunte de los casos. El ébola se había extendido a nuevas zonas del país, zonas que antes no estaban afectadas por la enfermedad.

Se prevé que el ébola nos acompañe durante un tiempo en Guinea Conakry, pero incluso cuando se haya ido, su devastador impacto permanecerá para estos niños que han perdido a sus padres; para las personas que han perdido a miembros de su familia; y para las comunidades que han perdido a trabajadores de salud.

Para conocer las últimas noticias e historias sobre el ébola en Guinea, siga a @UNICEFGuinea  en Twitter. Para ayudar a detener la propagación del ébola haga una donación aquí.

Timothy La Rose es especialista en Comunicación de UNICEF Guinea Conakry. Esta historia ha sido escrita con las contribuciones de Kadijah Diallo e Isaac Lelano.