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Pedaleando por la educación indígena en Paraguay

En medio de senderos plagados de mosquitos, caminos llenos de barro y una naturaleza exuberante, un grupo de ciclistas conformado por distintos profesionales y personalidades de Paraguay recorrió comunidades indígenas del Chaco para conocer la realidad de los niños y niñas nativos como parte de una expedición organizada por UNICEF Paraguay.

Los participantes posan al inicio de la expedición ciclística, en la entrada de la comunidad indígena Armonía, a 400 km al norte de Asunción. © UNICEF Paraguay/2015/Brom

Los participantes posan al inicio de la expedición ciclística, en la entrada de la comunidad indígena Armonía, a 400 km al norte de Asunción. © UNICEF Paraguay/2015/Brom

Bajo la consigna ‘Cero niños fuera de la escuela’, una marcha ciclista quiso concienciar ‘in situ’ sobre la realidad de los niños y niñas que viven en el Chaco paraguayo y las dificultades que enfrentan en su día a día para llegar a la escuela, lo que en muchos casos acaba influyendo para que abandonen los estudios.

Según datos oficiales del Gobierno de Paraguay, el 7,8% de personas de entre 6 y 17 años de edad no asiste a una institución educativa de enseñanza formal en el país, es decir, unos 125.000 niños, niñas y adolescentes permanecen fuera de la escuela.

Para visibilizar esta realidad y sus causas, la expedición partió a unos 400 km al norte de Asunción, donde viven algunas de las comunidades indígenas de Paraguay. Hasta allí se trasladó el grupo de participantes conformado por periodistas, chefs, deportistas, empresarios, filósofos, médicos y entusiastas del ciclismo de aventura, entre otros perfiles.

El recorrido transitó por varias aldeas nativas del área. El encuentro central tuvo lugar en El Estribo, donde los participantes compartieron unos momentos con los líderes de la zona y conocieron sus principales preocupaciones y desafíos.

Uno de estos líderes, Gabriel Quintana, comentó que este año las familias decidieron destinar una parte del subsidio que reciben del Estado para comprar alimentos para los niños y niñas, por lo que prácticamente no se registraron deserciones escolares. “No se puede decir que los indígenas no quieren estudiar. Sí quieren. ¿Pero por qué no pueden? Por la falta de recursos”, explicó.

En el trayecto, los ciclistas pedalearon 65 kilómetros y pasaron por varias comunidades, donde fueron saludados por sus miembros, quienes los esperaban animadamente al costado del camino. “Todo el que pasaba, me saludaba. Me decía ‘¿a dónde vas?’. Y si me veían cansada, me decían ‘te falta poco’”, relató Yehimy Alison González, una conocida periodista de radio y televisión de Asunción.

Vicisitudes

Pero no todo fue alegría y camaradería en el recorrido. Varias partes de los caminos de tierra se encontraban anegadas, por lo que los ciclistas tuvieron que cruzar con esfuerzo el agua y el barro.

Todas estas dificultades les permitieron entender las vicisitudes que deben pasar diariamente niños, niñas y adultos para vivir en las duras condiciones que impone el Chaco paraguayo, donde acudir a la escuela es una difícil aventura para cualquier estudiante.

Dado que el Chaco es una zona con vegetación muy agreste, algunos de los participantes sufrieron el pinchazo de las ruedas de sus bicicletas, lo que les obligó a cambiarlas en medio de nubes de mosquitos que prácticamente eran inmunes a los repelentes de insectos.

Los caminos que atraviesan las aldeas indígenas del Chaco son de tierra y están rodeados de una vegetación agreste. © UNICEF Paraguay/2015/Villalba

Los caminos que atraviesan las aldeas indígenas del Chaco son de tierra y están rodeados de una vegetación agreste. © UNICEF Paraguay/2015/Villalba

“Yo pinché la rueda en uno de esos caminos que le llaman ‘picadas’ y quedé paralizado por unos cuatro o cinco minutos cambiando la rueda. Era impresionante la cantidad de mosquitos que tenía en todo mi cuerpo”, comentó Fernando Marín, un filósofo mexicano que trabaja en una ONG que también desarrolla proyectos sociales en las comunidades indígenas de la zona.

Pero más allá de las cuestiones de distancias y caminos intransitables, los participantes se dieron cuenta de un factor muy importante para aumentar la presencia de los niños en las aulas: la necesidad de una correcta alimentación. Como afirmaron los líderes indígenas con los que conversaron, el hambre es uno de los principales impedimentos que aleja a los estudiantes de las escuelas. La periodista Natalia Daporta -una de las participantes con gran experiencia en el área de educación- recorrió precisamente las comunidades recabando datos sobre la situación en este campo. “No recibieron hasta el momento merienda ni almuerzo escolar. Sabemos muy bien que la alimentación es muy importante para el rendimiento de los alumnos, y también para mantener a los chicos en la escuela”, indicó.

La experiencia

Al final de la jornada, la mayoría de los participantes estaban impactados con lo que habían vivido ese día y surgieron ideas para tratar de colaborar con la subsistencia de las comunidades. “Esta experiencia nos tiene que concientizar, para mí ha sido muy significativa y creo que tiene que generar una nueva cultura: que todos seamos conscientes de esos derechos que tienen los niños y el principal derecho a estudiar”, sostuvo Marín.

“La visita a las comunidades me permitió ver y sentir esas barreras invisibles que nosotros desde la ciudad no podemos percibir. Cuando uno tiene hambre, cuando uno está enfermo, cuando hay que recorrer muchísimos kilómetros para poder ir a la escuela… llegar a ella y aprender es un verdadero desafío para esos niños y esas niñas”, reflexionó la abogada María José Rivas. Tras la experiencia, ella consiguió un importante lote de medicamentos que fue enviado a El Estribo, donde no se contaba con productos médicos básicos cuando los expedicionarios la visitaron.

Nadia Cano, periodista y ciclista, posa con algunos niños y niñas de la comunidad El Estribo. © UNICEF Paraguay/2015/Villalba

Nadia Cano, periodista y ciclista, posa con algunos niños y niñas de la comunidad El Estribo. © UNICEF Paraguay/2015/Villalba

Asimismo, está previsto realizar una jornada de evaluación y sistematización de propuestas con los participantes para mejorar la situación de las comunidades indígenas de la zona. Todo esto será presentado posteriormente a las autoridades del Ministerio de Educación y Cultura del Gobierno paraguayo para contar también con su apoyo.

La expedición ‘Cero niños fuera de la escuela’ se confirmó así como una actividad no tradicional que buscó atraer la atención de diferentes tipos de personas hacia el Chaco y sus aldeas nativas, la mayoría de las cuales no siempre se encuentra en la agenda de las prioridades de las autoridades nacionales, ya sea por su lejanía geográfica como por su invisibilidad política y real.

UNICEF es una de las organizaciones que trabaja en el Chaco paraguayo, específicamente en el distrito de Tte. Manuel Irala Fernández, mediante acciones integradas que buscan desde hace dos años asegurar que niños y adolescentes se inscriban, permanezcan y aprendan en la escuela. En este sentido, apoya campañas de comunicación para sensibilizar a la comunidad educativa sobre esta problemática y fortalece al Consejo Distrital de Educación, que está integrado por representantes de la municipalidad y de la comunidad educativa. Asimismo, UNICEF apoya los sistemas escolares de agua y saneamiento y educación en higiene, la capacitación de docentes rurales e indígenas, la producción de materiales educativos en las diversas lenguas indígenas de la zona y a las organizaciones de mujeres indígenas para que incidan en las políticas educativas y en proyectos productivos.

* Diego Brom y Nadia Villalba son, respectivamente, asistente y consultora de Comunicación de UNICEF Paraguay

 

Back in April, residents fill their containers with water at outdoor taps in Sana’a.

Controles fronterizos, agua y los niños de Yemen

Un niño empuja un carro lleno de garrafas en Saná, la capital de Yemen.

Un niño empuja un carro lleno de garrafas en Saná, la capital de Yemen. © UNICEF/NYHQ2015-1291/Yasin

Mi trabajo consiste en garantizar que cada vez más gente consiga acceso a agua y saneamiento en Yemen, uno de los países con mayor escasez de agua del mundo. Después de llevar menos de un mes aquí, tuve que marcharme de Saná junto con otros colegas de las Naciones Unidas a causa del empeoramiento del conflicto.

Ahora se está celebrando el mes sagrado del Ramadán y he vuelto a Saná. Aunque me alegra estar de vuelta, tengo sentimientos encontrados. La ciudad agitada y llena de vida que dejé hace tan solo tres meses ahora está desierta, excepto por las colas kilométricas de coches que esperan para echar gasolina y la basura que hay amontonada en las calles. Llegamos a un control fronterizo en el que veo a un chico con un rifle que parece demasiado joven para llevar un arma. Un poco más adelante veo una fila de personas frente a una mezquita esperando para llenar sus garrafas de agua. En sus ojos se refleja la desesperación.

El conflicto de Yemen ha llevado al país al borde de una catástrofe humanitaria. Un colega lo describe como “la gota que colma el vaso”. Escuelas, hospitales, carreteras y puentes han sufrido daños, y los servicios públicos se han colapsado. Los suministros de comida, combustible y medicinas son muy escasos, y la falta de agua potable y saneamiento adecuado expone la salud de millones de personas a riesgos muy graves.

Es evidente que los yemeníes están sufriendo y que necesitan ayuda urgente, y ese es el motivo de mi regreso. Mi equipo y yo estamos trabajando a contrarreloj para proporcionar agua y kits básicos de higiene con jabón y bidones para los niños y las familias afectadas por el conflicto.

El pasado mes de abril, los ciudadanos llenaban sus bidones de agua en los grifos de la calle en Saná.

El pasado mes de abril, los ciudadanos llenaban sus bidones de agua en los grifos de la calle en Saná. © UNICEF/NYHQ2015-0870/Hamoud

Según estimaciones de las Naciones Unidas, un 80% de la población necesita asistencia humanitaria, una cifra que me pone la piel de gallina. Pero hay pequeños detalles que me alientan, como los camiones que están empezando a pasar por las calles de Saná para recoger la basura que estaba esparcida por todas partes. En cierta medida, esto ha sido posible gracias a UNICEF, que ha proporcionado combustible no solo a las autoridades locales, sino también a más de 10 ciudades de todo el país. Esto mantiene en funcionamiento las bombonas de los sistemas de agua urbanos y permite atender a millones de personas.

De vez en cuando me siento sobrepasado por las emociones. Es inevitable que mi corazón se acelere cada vez que mi cama se mueve por la noche a causa del estruendo de alguna bomba cercana. Sin embargo, lo que más me afecta es recibir noticias sobre la muerte de un miembro del equipo de nuestros aliados locales por el disparo de un francotirador mientras repartía agua en una comunidad, o del secuestro durante una semana de otra persona que construía letrinas para gente desplazada. Al mismo tiempo, se suceden historias heroicas de gente que transporta suministros y combustible para las bombas de agua por las zonas en las que se está desarrollando el conflicto más grave, unas zonas que nunca antes habían recibido ayuda.

Siento mucho respeto por todos mis colegas yemeníes que siguen poniendo sus vidas en peligro para salir a la calle a ayudar a los desplazados. Mi vuelta a Yemen me ha unido más a mi equipo. He comenzado a entender las dificultades que la gente de aquí afronta en su día a día, y eso no nos ha frenado a la hora de hacer planes dedicando todo nuestro esfuerzo. ¿Y si lográramos negociar el acceso a la recogida de los desechos sólidos en Adén, donde podría haber un brote inminente de una enfermedad? ¿Y si pudiéramos repartir kits de higiene a aquellos que se han quedado en Sadá porque no tenían medios para marcharse?

Es muy importante lograr atender a esas personas, ya que nuestro mayor temor no es que los niños de Yemen mueran por las balas o las bombas, sino por enfermedades prevenibles como la diarrea o la neumonía. Además de las vacunas y los servicios de atención médica, proporcionar agua limpia, un aseo y una pastilla de jabón puede salvar la vida de un niño. Aunque el conflicto empeore y se nos vuelva a prohibir el acceso, seguiremos intentando atender a los más necesitados. Y aún más importante: seguiremos esperando que un día termine el conflicto y la paz vuelva a los hogares de los yemeníes.

Marije Broekhuijsen trabaja en Yemen como especialista de UNICEF en Agua, Saneamiento e Higiene. Este post se escribió durante el mes de Ramadán.

Women stand in a shelter for girls and women who have endured sexual and gender-based violence, in Mogadishu, Somalia.

Un día de rabia

El viernes fue un día especialmente duro. El trabajo se mezcló con un sentimiento de indignación.

En realidad no era indignación, sino más bien rabia. Porque, entre otras cosas, nos centramos en varios informes sobre violaciones. Las terribles violaciones y la esclavitud a la que se somete a las mujeres y las niñas en Iraq. La terrible violación de una niña de 12 años en la República Centroafricana. La violencia sexual contra los trabajadores humanitarios. Y podríamos seguir con una larga lista.

Hay una “nueva costumbre” en el mundo: los conflictos y la violencia se están extendiendo, y la capacidad de la respuesta humanitaria es incapaz de alcanzar su ritmo a pesar de los esfuerzos de la gente y de los gobiernos de buena voluntad.

Zainab [NOMBRE CAMBIADO], de 16 años, coloca las manos para crear sombras en una pared iluminada por el sol, en un centro de tránsito asistido por UNICEF para niños ex-soldados que acaban de ser liberados. Se encuentra en la ciudad de N’dele, capital de la Prefectura de Bamingui-Bagoran, al norte de la República. Con la intención de vengarse de la muerte de su prometido, Zainab se unió a un grupo armado, pero una vez fue reclutada empezó a sufrir abusos sexuales por parte de los soldados. Ahora se recupera en este centro, donde además recibe formación básica de negocios para tratar de alcanzar su sueño de regentar un restaurante.

Zainab*, de 16 años, en el centro de tránsito asistido por UNICEF para niños ex-soldados recién liberados de la República Centroafricana © UNICEF/NYHQ2012-0884/Sokol

Sin embargo, el abuso sexual a mujeres, niñas y niños en conflictos no tiene nada de “nuevo”. Y, por supuesto, no podemos considerarlo una “costumbre”.

Hace tiempo que las mujeres y las niñas se consideran uno de los botines de la guerra. Si leemos acerca de la destrucción de los castillos y las ciudades antiguas por parte de los ejércitos victoriosos, encontramos una razón por la que el “botín” va precedido de la “violación”.

A principios de la era romana, cuando los sabinos se negaron a entregar a sus mujeres como esposas a los romanos, estos las capturaron.

De hecho, los textos religiosos antiguos, que reflejan la visión de sus autores y de la época, todavía sirven a los más pervertidos como una justificación de moralidad para la brutalidad de sus actos. Como informaba el New York Times el jueves, aquellos que esclavizan y violan a mujeres y niñas en Iraq de manera sistemática “justifican” sus actos con los textos del Corán.

Antes de que aquellos que no son musulmanes juzguen a esta religión, deberían recordar que los textos antiguos de otras religiones también podrían utilizarse con este fin. Según los Números 31:17-18, Moisés dijo a sus hombres después de una batalla: “Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente. Pero a todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida”. En otras palabras, esclavizad a las vírgenes.

Nadie en su sano juicio debería tomarse esos pasajes como una instrucción religiosa o absolución de unos actos tan crueles. Pero esos textos muestran que la violación no es una aberración; es el resultado más atroz del prisma que han utilizado los hombres a lo largo de la historia para considerar a las mujeres como algo que les pertenece.

En el antiguo código de conducta de los hindúes, las Leyes de Manu, se muestra a la mujer de esta forma en repetidas ocasiones. Por ejemplo, “Pita rakhshati…” — 9/3. “Las mujeres no son capaces de vivir solas, y por ello deben estar bajo custodia: la de su padre, cuando son niñas; la de su marido, cuando son mujeres; y la de su hijo, cuando son viudas”. De modo que se tratan como objetos que los hombres pueden utilizar a su antojo. Una actitud que puede derivar en consecuencias terribles.

Unas mujeres en el refugio para mujeres y niñas que han sufrido violencia sexual y de género en Mogadiscio, Somalia.

Unas mujeres en el refugio para mujeres y niñas que han sufrido violencia sexual y de género en Mogadiscio, Somalia. © UNICEF/NYHQ2012-0712/Holt

Preste atención a esta cruel estadística de las Naciones Unidas: se calcula que una de cada cinco mujeres de todo el mundo será víctima de violaciones o de intentos de violaciones en algún momento de su vida.

La cruda realidad es que no tenemos cifras exactas de las mujeres y niñas que sufren violencia sexual durante los conflictos, pero no hay duda de que son más de una de cada cinco.

Se calcula que más de 200.000 mujeres han sufrido violencia sexual en la República Democrática del Congo desde que comenzó el conflicto armado. Además, durante el genocidio de Ruanda de 1994, se denunciaron entre 250.000 y 500.000 violaciones a mujeres. En Bosnia, se estima que al menos 20.000 mujeres han sido violadas o han sufrido violencia sexual durante ese conflicto, aunque es posible que nunca se sepa el número exacto. Es difícil hacer una estimación de las mujeres y niñas violadas en Darfur. Y esto es solo una parte de la terrible lista de un horror mundial.

Las mujeres y las niñas no solo se consideran los botines de la guerra y del conflicto, sino que además sus violaciones se utilizan como instrumento de guerra para aterrorizar a la población y a los enemigos y conseguir su sumisión y su rendición. Por ello, siempre son víctimas del genocidio.

Así, el viernes, mientras trabajábamos para acelerar los procedimientos internos relativos a informes (de supuestos casos de violencia sexual y del trabajo que nuestros colegas realizan en el terreno para ayudar a las víctimas), sentimos rabia una vez más. No solo por ver cómo muchas mujeres y niñas siguen sufriendo violaciones, sino también porque, después de tantos siglos, los seres humanos seguimos violando nuestras mejores esperanzas.

Al final, mientras en las Naciones Unidas –como en muchas otras instituciones– nos enfrentamos a asuntos legales y procedimientos complejos, lo que más nos preocupa es conseguir que en lugar de producir aturdimiento moral, las estadísticas y los testimonios de abuso sexual produzcan un sentimiento de indignación que nos impulsen a actuar.

Anthony Lake es el Director Ejecutivo de UNICEF. Geeta Rao Gupta es Directora Ejecutiva Adjunta de UNICEF.

Esta historia se publicó en el Huffington Post  el 17 de agosto de 2015.

*El nombre se ha cambiado para preservar su identidad.

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Las vidas de los niños haitianos en el foco de atención

Djolanda, de 11 años, sentada en la puerta de su casa.

Djolanda, de 11 años, sentada en la puerta de su casa. (c) UNICEF Haiti/2015/Walther

Al sudeste de Haití, Yaquimel y sus alrededores reflejan la belleza del Caribe: playas de arena blanca, el océano azul celeste y un sol resplandeciente. Sin embargo, en medio de este tesoro tropical, muchos niños y sus familias luchan a diario ante las dificultades para llegar a fin de mes.

Hace poco estuve en Yaquimel visitando el Ciné Institute, una organización con base en Haití que forma a jóvenes haitianos que aspiran a ser cineastas. Es la única academia de cine de Haití y en ella rebosa el talento. La nueva alianza que une a UNICEF con el Ciné Institute constituye un acercamiento muy emocionante, ya que su objetivo consiste en poner las voces de los niños en el centro de atención. Compartimos el deseo de dar voz a aquellos que viven marginados, pero que aun así consiguen salir adelante con imaginación y coraje.

Las semanas que varios cineastas pasaron explorando distintos sitios dieron como resultado una lista llena de posibles historias sobre los niños haitianos y las dificultades a las que se enfrentan. Edile (13) y Djolanda (11) fueron los elegidos para el proyecto de un vídeo que será el comienzo de una nueva filosofía de la narración. Sus condiciones de vida están muy lejos de los principios establecidos por la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño, ratificada en Haití hace 20 años y según la cual todos los niños y niñas deben tener acceso a todo lo que necesiten para sobrevivir y desarrollarse.

Edile, de 13 años, se dirige hacia su casa.

Edile, de 13 años, se dirige hacia su casa. (c) UNICEF Haiti/2015/Walther

Todos los niños tienen el derecho a ir a la escuela, a jugar, a no tener que trabajar. Aunque no se pueda consentir que los niños trabajen, hemos de ser conscientes de que hoy en día miles de niños viven esa realidad. La concienciación es el primer paso para el cambio, y UNICEF trabaja mano a mano con el Gobierno para lograr un país en el que las palabras de la Convención se hagan tangibles. Las historias de Edile y Djolanda revelan que debemos esforzarnos más.

¿Quiénes son?

Edile vive con su padre y su hermana, que es discapacitada. Su madre los dejó hace dos años y se volvió a casar. Su padre sufre hipertensión desde que tuvo un infarto en 2013 y desde entonces no puede trabajar. Con la intención de contribuir a los escasos ingresos de la familia, Edile decidió trabajar tres días a media jornada en la panadería del barrio para ganar algo de dinero.

Edile y su padre sentados delante de su casa.

Edile y su padre sentados delante de su casa. (c) UNICEF Haiti/2015/Walther

Sus pequeñas ganancias le ayudan a cuidar de su padre y a ahorrar para pagar la escuela. Es duro, perdió el último año de escuela por no tener dinero suficiente para pagarla, pero él sigue intentándolo, ya que es consciente de que la educación es crucial para su futuro. Sueña con ser ingeniero agrónomo. “Aquí hay mucha gente que pasa hambre. Quiero poder alimentar a mi país”, dice. “Espero que los adultos que vean este vídeo se esfuercen más para conseguir que todos los niños podamos ir a la escuela”.

Sus pequeñas ganancias le ayudan a cuidar de su padre y a ahorrar para pagar la escuela. Es duro, perdió el último año de escuela por no tener dinero suficiente para pagarla, pero él sigue intentándolo, ya que es consciente de que la educación es crucial para su futuro. Sueña con ser ingeniero agrónomo. “Aquí hay mucha gente que pasa hambre. Quiero poder alimentar a mi país”, dice. “Espero que los adultos que vean este vídeo se esfuercen más para conseguir que todos los niños podamos ir a la escuela”.

TInterior de la casa de Djolanda.

Interior de la casa de Djolanda. (c) UNICEF Haiti/2015/Walther

Todos los días, después de la escuela, Djolanda aprende a hacer vestidos con otras mujeres de entre 40 y 50 años. Ya lleva unos meses apuntada al curso y sabe hacer distintos tipos de vestidos, incluido su uniforme escolar. Djolanda tiene dos sueños: quiere ser enfermera para poder ayudar a los enfermos, y también aspira a ahorrar el dinero suficiente para construir una casa para su madre. “Mi madre es la única que nos cuida. Me preocupa su salud: hay muchas enfermedades por aquí”.

Edile y Djolanda representan solo dos de muchos casos similares, y sus historias son un ejemplo de valentía y esperanza que impulsa a los haitianos de todas las edades a seguir adelante. Ellos no esperan a que les ayuden, aunque tienen el derecho a recibir toda la ayuda posible. Debemos poner todo nuestro empeño para conseguir brindar educación, salud y felicidad a muchos niños como Edile y Djolanda. Todos los niños y niñas tienen los mismos derechos, independientemente de donde nazcan o donde vivan. La historia de la pobreza y la desigualdad suena distinta desde su punto de vista, ya que la narración cambia: de la miseria a la esperanza e inspirando acción, no compasión.

Manténgase en contacto para recibir actualizaciones y los vídeos terminados.

Cornelia Walther es la Jefa de Comunicación en UNICEF Haití.

A girl in Somalia holds out her hand to display her ink-marked finger, which demonstrates that she has been vaccinated against polio.

Un gran día para África: se acerca el fin de la polio

El 11 de agosto hizo un año del último caso del virus poliomielítico salvaje registrado en toda África, que se detectó en Somalia el 11 de agosto de 2014.

Durante la última generación se han hecho logros extraordinarios, y el continente africano se ha convertido en un poderoso símbolo de progreso.

Esto ha sido posible no solo gracias a una vacuna, sino también al trabajo infatigable de cientos de miles de voluntarios, líderes tradicionales y religiosos a  nivel comunitario, combinado con el compromiso y la determinación de los gobiernos nacionales y locales. A escala global, este trabajo ha implicado una importante alianza entre la OMS, Rotary International, los Centros para el Control de Enfermedades, la Fundación de Bill y Melinda Gates y UNICEF, respaldados por las generosas contribuciones de numerosos donantes públicos y particulares.

En Somalia, una niña muestra su dedo lleno de tinta, lo que demuestra que la han vacunado contra la polio.

En Somalia, una niña muestra su dedo lleno de tinta, lo que demuestra que la han vacunado contra la polio. © UNICEF/NYHQ2013-1318/Ohanesian

El mes pasado aplaudíamos porque en Nigeria había transcurrido un año sin detectar ningún caso del virus poliomielítico salvaje, si bien sigue habiendo riesgos en el noreste del país. Por otra parte, gracias a la profesionalidad, el ingenio y la valentía de los miembros y aliados de UNICEF, hemos asistido a la detención de los brotes de la polio en Camerún, Guinea Ecuatorial y el Cuerno de África.

En el plano internacional, nos encontramos a punto de erradicar una enfermedad por segunda vez en la historia. Pronto tendrá lugar la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible por parte de la Asamblea General, y qué mejor momento que este para animar a la comunidad internacional a establecer unos objetivos ambiciosos y saber que, con voluntad, lograremos conseguirlos.

En noviembre finalizará mi trayectoria de casi cuarenta años dedicados al desarrollo. El 15 de agosto de 1977 marché a Jartum. Durante los meses y los años posteriores recorrí Sudán a lo largo y a lo ancho, encima de camiones, en tren, en la rueda de un Land Rover por carreteras imposibles y a remo por el Nilo. Durante mis viajes tuve la oportunidad de apreciar las enormes dimensiones del país y las grandes dificultades y el aislamiento que sufren muchos de sus habitantes. Me fui de Sudán cuando empezó la guerra civil en 1983, y volví en 2007 como Director del programa de UNICEF para el Sur del que, por entonces, aún era un país unido.

En 2008 hubo un brote de polio con origen en el Estado de Junqali, cerca de la frontera con Etiopía. Es difícil describir el aislamiento que sufre este país, una zona llena de pantanos, terrenos de vertisoles que imposibilitan el tránsito tras las lluvias, y una zona en la que durante mucho tiempo ha reinado la inseguridad. A pesar de todas estas dificultades y de la inseguridad y el conflicto que permanece hoy en día, se consiguió frenar el brote de polio, y lo que hoy es la nación independiente de Sudán del Sur no ha vuelto a presentar un solo caso nuevo de poliomielitis.

En Sudán del Sur, una madre sostiene a su bebé Monyaguek, de un mes de edad, mientras le proporcionan una dosis de la vacuna oral contra la polio.

En Sudán del Sur, una madre sostiene a su bebé Monyaguek, de un mes de edad, mientras le proporcionan una dosis de la vacuna oral contra la polio. © UNICEF/NYHQ2011-2460/Sokol

Otros logros parecidos ocurridos en distintas partes de África constituyen la base de la noticia que celebramos.

Aunque se trata de un hito incomparable, no significa que sea el fin de la enfermedad. En el caso de Nigeria, es necesario que transcurran dos años sin detectar un caso del virus poliomielítico antes de poder garantizar que están libres de polio, al igual que el resto del continente africano. Para conseguirlo, Nigeria y otros muchos países africanos que continúan padeciendo riesgo de sufrir nuevos casos de polio deben mantener una vigilancia de alta calidad y trabajar aún más para mejorar la calidad de las campañas de vacunación. Deberán actuar con decisión en caso de que surjan nuevos brotes, y tendrán que redoblar sus esfuerzos para optimizar las prácticas de inmunización.

Ahora que la situación de África parece haber tomado un buen rumbo, nos quedan solo dos países donde todavía no ha cesado nunca la transmisión de la polio: Pakistán y Afganistán. Allí, a pesar de las enormes dificultades, las comunidades, los gobiernos y los aliados trabajan con ahínco y determinación para erradicar la polio de una vez por todas. El aniversario que celebramos en África nos da motivos para creer que ellos también podrán conseguirlo.

Peter Crowley es el jefe de la unidad de UNICEF contra la Polio.

A young woman from Burkina Faso who underwent FGM/C when she was 6 years old.

La Cumbre de las Niñas: progresos logrados un año después

Hamamatou, una niña de 15 años del Níger, se beneficia de una beca para niñas financiada con ayuda de UNICEF, que le permite continuar asistiendo a la escuela.

Hamamatou, una niña de 15 años del Níger, se beneficia de una beca para niñas financiada con ayuda de UNICEF, que le permite continuar asistiendo a la escuela. © UNICEF/PFPG2014P-0868/Lynch

No hace mucho, el personal de UNICEF de Uganda difundió la historia de una niña a la que llamaron Alice. Alice participó en una conferencia celebrada recientemente en Uganda, donde relató cómo, a la edad de 10 años, fue obligada a abandonar la escuela a fin de prepararse para contraer matrimonio.

Pero que la obligaran a contraer matrimonio con tan sólo 10 años no era más que la primera injusticia. La segunda fue que antes de casarse tuvo que someterse al ritual de la ablación/mutilación genital femenina. La mutilaron en una ceremonia en la que se empleó un cuchillo que había sido utilizado con otras diez niñas; algo que, además de perturbador, es extremadamente peligroso.

Los relatos como el de Alice son una de las muchas razones por las que UNICEF continúa ampliando sus esfuerzos por poner fin a prácticas como el matrimonio infantil y la ablación/mutilación genital femenina. Alice es una joven mujer procedente del norte de Uganda, donde tradicionalmente la ablación/mutilación genital femenina se alienta como iniciación a la madurez. Esta costumbre expone a las niñas al riesgo de padecer hemorragias, infecciones, esterilidad o incluso la muerte. El trauma y los riesgos asociados a la ablación/mutilación genital femenina, además de la responsabilidad que comportaba el convertirse en esposa y madre le arrebataron a Alice su infancia con solo 10 años.

Pero Alice no buscaba que se compadecieran de ella; solo quería asegurarse de que otras niñas no tuvieran que pasar por lo mismo. Apeló directamente a los dirigentes de Uganda y a las familias de la región para que se unieran y ayudaran a las niñas a poder permanecer en la escuela, y para que pusieran fin a la práctica de la ablación/mutilación genital femenina de una vez por todas.

Una joven mujer de Burkina Faso que sufrió la ablación/mutilación genital femenina cuando tenía 6 años

Una joven mujer de Burkina Faso que sufrió la ablación/mutilación genital femenina cuando tenía 6 años. © UNICEF/UNISTO1751/Nesbitt

Deseamos que todas las niñas gocen de la misma oportunidad de tener una infancia, una educación y una vida libres de dolor y sufrimiento. Esta es la razón por la que junto con nuestros aliados de todo el mundo pusimos en marcha un movimiento orientado a proteger a las niñas frente a esas prácticas tradicionales perniciosas que les impiden acceder a una vida mejor. El 14 de julio de 2014 colaboramos con el Gobierno del Reino Unido para congregar a dirigentes gubernamentales, organizaciones de la sociedad civil, activistas y mujeres jóvenes y niñas de todo el mundo en la Cumbre de las Niñas celebrada en Londres, con el propósito de movilizarnos en contra de prácticas tradicionales dañinas como la ablación/mutilación genital femenina y el matrimonio forzoso y prematuro.

Un año más tarde, los resultados de la Cumbre de las Niñas se revelan promisorios: como destaca el folleto sobre el progreso de la Cumbre de las Niñas, 330 gobiernos han manifestado su compromiso de eliminar estas costumbres; se han expandido los programas iniciados por UNICEF en los países de alta prevalencia gracias al aumento de los recursos; los gobiernos de esos países de alta prevalencia se muestran más comprometidos a poner fin a estas prácticas, y las organizaciones de la sociedad civil, tanto de ámbito local como internacional, están más implicadas y organizadas que nunca antes.

Durante el último año se han puesto en marcha varias campañas encaminadas a acabar con el matrimonio infantil y a la ablación/mutilación genital femenina, en especial por parte de la Unión Africana y de la Iniciativa de Asia Meridional para erradicar la violencia contra la infancia. La campaña de la Unión Africana para poner fin al matrimonio infantil ha recibido un apoyo sin precedentes de países africanos: desde que se inició, se han puesto en marcha campañas nacionales en Etiopía, Uganda y Burkina Faso, y Etiopía incluso ha organizado recientemente su primera cumbre nacional de las niñas.

El interés principal de UNICEF siempre ha sido la infancia, en especial los niños y niñas más marginados, y es nuestra misión luchar por un mundo donde las niñas puedan alcanzar su pleno potencial y la sociedad defienda sus derechos. Una parte esencial de esta misión consiste en trabajar por erradicar prácticas como la ablación/mutilación genital femenina y el matrimonio infantil, que impiden el progreso de las niñas debido, entre otras razones, a que provocan su desescolarización. Pues a fin de cuentas, las niñas que han recibido una educación pueden protegerse mejor de la ablación/mutilación genital femenina. Las niñas que han recibido una educación pueden elegir cuándo y con quién contraen matrimonio. Las niñas que han recibido una educación pueden tener mejores oportunidades económicas, que les permiten cuidar mejor de sí mismas y de los demás.

Poco a poco, el llamamiento de Alice comienza a escucharse, y cada vez más niñas cuentan con la ayuda de sus gobiernos. ¡Apoyemos a Alice!


Información reciente sobre el progreso de UNICEF:

Al tiempo que formulamos la siguiente ronda de objetivos de desarrollo junto a gobiernos y aliados, hemos avanzado en nuestros compromisos básicos adquiridos en la Cumbre de las Niñas respecto de la erradicación de las costumbres perniciosas, escolarizando a las niñas, movilizando a las familias y comunidades, invirtiendo en servicios, y generando datos y empleándolos.

  • Los resultados más notables los hemos obtenido por medio de nuestros programas nacionales. En 2014, 21 países trabajaron para lograr el objetivo de poner fin a la ablación/mutilación genital femenina, beneficiando a un mínimo de 5,6 millones de personas. Gracias al programa conjunto de UNFPA y UNICEF sobre la ablación/mutilación genital femenina fue posible movilizar a cerca de 20.000 jóvenes en 17 de estos países para que reivindicaran la erradicación de esta práctica y, en consecuencia, 1.007 comunidades manifestaron públicamente su abandono de la ablación/mutilación genital femenina.
  • El año pasado, 38 países instauraron programas orientados a poner fin al matrimonio infantil. De estos países, 18 cuentan ahora con estrategias o planes nacionales sobre el matrimonio prematuro, y en cinco de ellos se integran en los presupuestos. A fin de potenciar las inversiones mundiales destinadas a erradicar el matrimonio infantil, UNICEF se embarcó con la UNFPA en un programa mundial que abarca África, Asia y Oriente Medio.
  • Los programas de UNICEF promueven la matriculación y la permanencia en la escuela de las niñas. Asimismo, apoyamos iniciativas comunitarias cuyo propósito es empoderar a las niñas dotándolas de habilidades para la vida activa. Los diálogos comunitarios permiten a las familias llegar a un acuerdo sobre cómo poner fin a las prácticas perniciosas. Innovaciones tales como U-Informe y los medios sociales están visibilizando a jóvenes artífices del cambio en diversas comunidades y países.
  • Desde la celebración de la Cumbre de las Niñas, UNICEF ha ayudado a organizar la puesta en marcha en seis países de la campaña de la Unión Africana para poner fin al matrimonio infantil. También hemos prestado nuestro respaldo al plan de actuación para poner fin al matrimonio prematuro, que forma parte de la iniciativa de Asia Meridional para erradicar la violencia contra la infancia.
  • Y por último, los datos y proyecciones de UNICEF acerca de las tendencias futuras en cuanto a la ablación/mutilación genital femenina y el matrimonio infantil han informado los debates sobre la agenda del desarrollo para después de 2015.

Cody Donahue es especialista de protección de la infancia en la sede central de UNICEF en Nueva York.

Yusuf Koroma carrying 4-year-old Musu Conteh.

La atención de los niños huérfanos del ébola en Sierra Leona

Recientemente vi llorar a un hombre que ya era abuelo, aunque no tenía edad suficiente para llamarle anciano. Yo estaba en compañía de Yusuf Koroma, un trabajador social asignado a un Centro de atención provisional y observación (OICC, por sus siglas en inglés) que funciona en Portee, un vecindario en la zona oriental de Freetown. Los OICC son establecimientos donde se mantiene bajo observación a los niños que pueden haber estado expuestos al ébola.

Una parte habitual de las labores de Yusuf consiste en dar seguimiento a los niños que regresan a sus hogares tras pasar por el OICC. Yo acompañaba a Yusuf un día en el que distribuía BP-100 (un alimento terapéutico de alto contenido energético) a niños que habían sido dados de alta del Centro. Sierra Leona tiene una de las tasas de malnutrición más altas del mundo. La malnutrición afecta las defensas inmunológicas de los niños frente a las enfermedades infecciosas, y de ahí la importancia de que consuman alimentos terapéuticos.

En primer término, Yusuf y yo visitamos la casa de Musu Conteh*, una niña de cuatro años de edad que perdió a su padre y a su madre debido al ébola.

Yusuf Koroma, un trabajador social, conversa con el abuelo de Musu Conteh, de cuatro años de edad, que quedó a su cargo cuando los padres de la niña murieron debido al ébola

Yusuf Koroma, un trabajador social, conversa con el abuelo de Musu Conteh, de cuatro años de edad, que quedó a su cargo cuando los padres de la niña murieron debido al ébola. ©UNICEF Sierra Leone/2015/Kassaye

Cuando llegamos al hogar de Musu, los integrantes de la familia ampliada de la niña nos recibieron con un coro de saludos. Pese a que Yusuf y Musu se saludaron efusivamente, no hubo apretones de manos. Yusuf me presentó, y yo asentí con la cabeza y estreché mis propias manos a modo de saludo. Desde mi llegada a Freetown dos semanas antes, no había tocado a nadie. Mientras el ébola siga amenazando al país, la oficina mantiene como política que el personal evite todo contacto con los demás. Por ello no se permiten los apretones de manos y ninguna otra forma de contacto corporal. Pese a las notables reducciones del número de casos de ébola durante el último año, Sierra Leona no se ha librado aún del virus mortal y, como confirma el súbito aumento de los casos de la infección registrados en junio, resulta imperativo tomar todas las precauciones posibles.

Yusuf ha sobrevivido al ébola, y por ello no tiene miedo de infectarse con el virus ni de contagiar a otros por contacto casual, ya que hace más de tres meses que se ha recuperado.

Mientras Yusuf y el Sr. Conteh* conversaban e intercambiaban información sobre lo ocurrido desde la última visita del trabajador social, Musu corrió hacia Yusuf y le dio un fuerte abrazo. La niña estaba muy feliz de verle, aunque se había mostrado muy tímida conmigo. Le pedí permiso para tomarle una foto y, tras consultar con la mirada a su abuelo y su tía, me miro a mí, asintió con la cabeza y me dijo: “Está bien, dispara”.

Pero Musu se olvidó del extraño de la cámara fotográfica no bien Yusuf regresó al automóvil para buscar las galletas de alto contenido energético BP-100 que habíamos traído para ella. Yusuf le ayudó a abrir uno de los paquetes y la niña comenzó de inmediato a mordisquear el nutritivo bocadillo.

Yusuf Koroma lleva en brazos a Musu Conteh, de cuatro años de edad.

Yusuf Koroma lleva en brazos a Musu Conteh, de cuatro años de edad. ©UNICEF Sierra Leone/2015/Kassaye

Imprevistamente, la atmósfera que reinaba en el porche del hogar de los Conteh cambió y el abuelo de Musu, que había estado observando la escena desde un rincón, se puso de pie y se dirigió hacia el oscuro interior de la vivienda respirando con dificultad. Sus sollozos pronto se contagiaron a quienes estaban afuera y en breve la tía y los primos más grandes de Musu estaban secándose las lágrimas que vertían juntos por los parientes perdidos.

“Musu fue la primera niña que atendimos en el OICC”, me dijo Yusuf. “Recibimos una llamada del Centro de control del ébola del distrito y la fuimos a buscar. La llevamos al OICC y le realizamos varios exámenes, porque tenía un poco de temperatura. Inicialmente la remitimos a un centro donde la mantuvieron aislada, y cuando regresó la tuvimos en observación durante 21 días. Pero su madre, su padre y sus hermanos murieron de ébola. Cuando Musu recibió el alta de nuestro centro, la enviamos al Centro provisional de cuidados, donde permaneció hasta que su abuelo pudo hacerse cargo de ella y Musu se fue a vivir con él”.

Esperamos hasta que el abuelo de Musu se recuperara y le dimos nuestro pésame a toda la familia, cuyos integrantes mantuvieron un emocionado intercambio en krio con Yusuf. Después nos despedimos, no sin antes prometerles Yusuf que regresaría en breve para ver cómo seguían todos.

“Me siento bien haciendo esto porque yo también soy un sobreviviente”, comentó Yusuf cuando regresábamos. “Habrás notado lo felices que estaban de verme. Me siento bien ayudando a otros sobrevivientes”.

UNICEF abastece y financia los costos de funcionamiento de los OICC en todo Sierra Leona, donde también proporciona de BP-100 y otros suministros de nutrición a los establecimientos que combaten el ébola en las zonas afectadas del país. Hasta la fecha, se han entregado suministros nutricionales suficientes para atender unos 4.000 casos de ébola en esos centros especializados.

Hasta el 27 de junio de 2015, en Sierra Leona se habían registrado 8.664 casos confirmados de ébola, de los cuales 1.459 correspondieron a niños. El número confirmado de muertes debidas a esa enfermedad, en tanto, ascendió a 3.566.

De los 178 millones de dólares solicitados en el llamamiento de UNICEF para dar respuesta a la crisis del ébola en Sierra Leona, hasta la fecha sólo se han recibido 120,5 millones, lo que deja un déficit de 57,5 millones.

Indrias G. Kassaye se desempeña como Especialista en Comunicación para UNICEF.

*Los nombres fueron cambiados para proteger las identidades.

Children at the transit center play a game of soccer. ©UNICEF CAR/2015/Le Du

Tras ser puestos en libertad por grupos armados, los niños aprenden a ser niños

Las bolsas con amuletos que los niños liberados del grupo Anti-Balaka llevaron al centro de refugiados en tránsito. ©UNICEF CAR/2015/Le Du

Las bolsas con amuletos que los niños liberados del grupo Anti-Balaka llevaron al centro de refugiados en tránsito. ©UNICEF CAR/2015/Le Du

Sentado en el suelo en el centro de Bambari, en la República Centroafricana, donde se alojan de manera provisional niños que estuvieron asociados con agrupaciones armadas, Jonathan*, de 16 años, observa el contenido de una gran bolsa repleta de “jujus”, como collares, brazaletes y pequeños morrales.

“Este amuleto me protegía de los proyectiles de los Kalashnikov”, explica, “y este otro me tornaba invisible al enemigo”. Le rodean varios niños a los que les sorprende mucho que Jonathan comparta tamaños secretos con extraños. Jonathan toma un cuchillo y abre de un tajo uno de los amuletos. Se escuchan un murmullo del grupo que le rodea. Jonathan levanta la mirada, sonríe y dice: “Ahora estamos a salvo. Ya no necesitamos nada de esto”.

Yo fui testigo, hace unos dos meses, de la liberación de estos niños por parte de uno de los grupos armados que participaron en el conflicto de la República Centroafricana, que causó el desplazamiento de cientos de miles de personas. Estos niños estaban con la agrupación Anti-Balaka, que se creó como milicia de autodefensa contra Ex-Seleka, un grupo mayoritariamente musulmán que se apoderó brevemente del poder en la República Centroafricana en 2013.

En esta foto, tomada en mayo de este año, se ve a los niños asociados con la agrupación Anti-Balaka minutos antes de su liberación.

En esta foto, tomada en mayo de este año, se ve a los niños asociados con la agrupación Anti-Balaka minutos antes de su liberación. ©UNICEF CAR/2015/Le Du

El 14 de mayo, en Bambari, un pueblo de la región central de la República Centroafricana, ambos grupos liberaron a 357 niños que habían prestado servicio en sus filas. Pese a que todos los niños fueron puestos en libertad por Anti-Balaka y Ex-Seleka el mismo día, ambos grupos fueron enviados a dos centros de refugiados en tránsito diferentes. Aunque en Bambari ahora reina la paz, sigue siendo un pueblo de la primera línea de batalla, dividido en dos sectores por un río. Sólo ahora, los pobladores de ambas comunidades han comenzado a cruzar durante el día el puente que une a ambos sectores para ir a los mercados, aunque al atardecer todos los pobladores regresan a las partes de Bambari donde residen.

El día de la liberación de los niños, nos adentramos en el bosque lo más cerca posible de sus bases para servirles simbólicamente de escolta durante su regreso a la libertad. Era una tarde cálida y húmeda. El comandante, que vestía una camiseta rasgada adornada con el rostro de Bob Marley, nos esperaba en un claro del bosque. Le rodeaban 181 niños harapientos, en algunos casos de apenas seis o siete años de edad. Estaban camuflados con hojas y tenían los rostros cubiertos de lodo negro. Todos guardaban silencio.

A una señal del comandante, los niños se quitaron el camuflaje, dejaron caer sus cuchillos al suelo e iniciaron la marcha. Tomándome de la mano, el comandante me dijo mientras señalaba a un niño muy pequeño: “¿Ves a ese pequeñito? Tiene solamente siete años. Lo dejo en tus manos, pero tienes que vigilarlo celosamente… porque ya sabe matar”.

Juego de damas en el centro de refugiados en tránsito. ©UNICEF CAR/2015/Le Du

Juego de damas en el centro de refugiados en tránsito. ©UNICEF CAR/2015/Le Du

Ahora, cuando llego al centro donde están alojados los niños, veo a decenas de ellos bailando en un descampado desde donde llegan los sonidos de canciones tradicionales y de tambores y trompetas. Otros niños juegan al fútbol mientras otros más se sientan a la sombra, concentrados en sus partidas de damas. Reconozco a varios. Son los mismos niños que en mayo último eran la personificación de la solemnidad y la confusión. Hoy, sin embargo, están sonrientes.

En su mayoría, estos niños tienen familias que viven cerca, de manera que pasan la noche con sus parientes tras permanecer durante el día en el centro, donde reciben apoyo médico y psicosocial. También mantienen largas conversaciones con trabajadores sociales que les ayudan a superar las experiencias que han vivido y a comprender que fueron víctimas, además de explicarles que deben dejar atrás la violencia.

En el campamento también se ha evaluado el nivel de educación de cada niño, y aquellos que están en condiciones de recibir educación escolar participarán en breve en cursos de recuperación que cuentan con el apoyo de UNICEF. De esa manera podrán reanudar normalmente su educación en octubre, cuando se inicie el nuevo año escolar. Los que no puedan recibir de inmediato educación escolar participarán en programas de aprendizaje acelerado y en cursos de capacitación laboral.

Los niños del centro de refugiados en tránsito juegan al fútbol. ©UNICEF CAR/2015/Le Du

Los niños del centro de refugiados en tránsito juegan al fútbol. ©UNICEF CAR/2015/Le Du

Joachim, que dirige una ONG local a cargo del cuidado de los niños, explica por qué estos decidieron espontáneamente llevar los amuletos al centro a pocos días de ser liberados. “Les habíamos estado diciendo que tenían que olvidarse de la guerra”, explica. “Pero nunca les pedimos que hicieran eso. Ellos decidieron por su cuenta que ya no necesitaban los amuletos. Fue una manera de dejar atrás lo que habían vivido”.

Iniciar una nueva vida nunca es fácil, especialmente si uno es un niño que vive en un campamento de refugiados y que ha presenciado, o llevado a cabo, cosas que ningún ser humano debería ver o hacer. Los 357 niños liberados en mayo en Bambari por los grupos armados Anti-Balaka y Ex-Seleka tienen por delante un largo camino que recorrer.

Tras haberse logrado que todas las facciones involucradas en el conflicto acordaran dejar en libertad a todos los niños en sus filas, UNICEF trabaja para garantizar que las ceremonias de mayo pasado se repitan en todo el país. Teniendo en cuenta que todavía hay entre 6.000 y 10.000 niños en esas agrupaciones armadas, se espera que en el futuro se descarten muchos amuletos más.

Donaig Le Du es la Jefa de Comunicación de la Oficina de UNICEF en la República Centroafricana.

*El nombre ha sido cambiado para proteger la identidad.

La Selección de Fútbol de Chile, campeona de Copa América, levantando la Tarjeta Verde en señal de respeto. ©Unicef Chile/2015/Copa América

Cerca de 300 mil personas dijeron no a la discriminación durante la Copa América 2015

La Selección de Fútbol de Chile, campeona de Copa América, levantando la Tarjeta Verde en señal de respeto. ©Unicef Chile/2015/Copa América

La selección de fútbol de Chile, campeona de la Copa América, levantando la Tarjeta Verde en señal de respeto. ©Unicef Chile/2015/Copa América

Cerca de 300 mil personas en las tribunas del Estadio Nacional, el principal recinto deportivo de Chile, dijeron NO a la discriminación en contra de los niños, en el marco de la campaña “América nos une. No hagas tú la diferencia” de UNICEF y la ONG Fútbol Más. Esta iniciativa desarrollada en el contexto de la Copa América Chile 2015, contó como principal impulsor al capitán de la selección chilena, Claudio Bravo, quien se coronó junto a su equipo como campeones del torneo.

A través de “Tarjetas Verdes”, los hinchas de la selección chilena de fútbol se sumaron en cada partido de la escuadra nacional a esta iniciativa de alcance regional, para alzar la tarjeta en señal de respeto y en favor de la inclusión de todos los niños y niñas del continente.

“La Tarjeta Verde, nuestra principal acción de la cruzada por la inclusión que pusimos en marcha para esta versión del certamen de fútbol más antiguo del mundo, se transformó en un símbolo masivo de respeto. Estamos muy agradecidos por el inmenso apoyo que recibimos de parte de los propios jugadores chilenos, del público, como también de nuestros aliados de la campaña y de diversos otros actores públicos que ayudaron a conseguir este positivo impacto”, explicó Hai Kyung Jun, Representante de UNICEF para Chile.

En la final de la Copa América, más de 200 millones de telespectadores fueron testigos de esta acción en todo el mundo, hecho sin precedentes en el mundo del fútbol. Las “Tarjetas Verdes” se transformaron en una cábala durante esta competencia deportiva, la que muchos hinchas esperan que vuelva a efectuarse en señal de respeto en los próximos eventos deportivos, en otras latitudes, promoviendo el respeto y la no discriminación.

Alexis Sánchez (Chile)

Jugadores de la Copa América 2015 se suman a la campaña “América Nos Une. No Hagas Tú La Diferencia”

Los jugadores, integrantes de las doce selecciones nacionales participantes, tienen una particularidad en la Copa América de Chile: en la manga izquierda de sus camisetas llevan estampado un emblema de UNICEF, como símbolo del compromiso a favor de la inclusión y no discriminación de los niños, niñas y adolescentes del continente.

Alexis Sánchez (Chile)

Alexis Sánchez (Chile)

La campaña “América nos une. No hagas tú la diferencia” tiene como protagonistas a los jugadores de cada selección y a los hinchas en los estadios y en las redes sociales. Esta es la cuarta vez consecutiva que UNICEF realiza acciones a favor de los niños en la Copa América.

En los partidos disputados por la selección de Chile, más de 150 mil hinchas chilenos levantaron una tarjeta verde de UNICEF y Fútbol Más mientras se entonaron los himnos nacionales del Ecuador, México y Bolivia, en señal de respeto y bienvenida tanto a los jugadores como a los simpatizantes visitantes. Estas acciones buscan contribuir y promover un cambio cultural en el fútbol y reemplazar los habituales silbidos al rival por mensajes de respeto y fraternidad.

Además, durante toda la competencia los hinchas de todo el continente podrán compartir contenidos a favor de la infancia a través de las redes sociales.

UNICEF considera urgente promover, respetar y garantizar los derechos de todos los niños, niñas y adolescentes migrantes, tal como lo indica la Convención sobre los Derechos del Niño. Cada Estado debe asegurar que toda la infancia tenga acceso equitativo a una educación de calidad, salud y protección legal y social.

En el marco de Copa AmŽrica, la Ministra del Deporte, Natalia Riffo, el Ministro Secretario General de Gobierno, Marcelo D’az, y el jefe del Plan Estadio, JosŽ Roa, presentaron el sitio web www.bienvenidaamerica.gob.cl, en el coliseo central del Estadio Nacional. Santiago, Chile 04/06/2015 Foto: Max Montecinos/MINDEP

© Unicef Chile/2015/Copa América

Una vez más la Copa América es una excelente plataforma para promover una cultura de respeto. Debemos contribuir a erradicar totalmente la discriminación, que afecta la vigencia de los derechos de los niños y las niñas de la región.

En este contexto, UNICEF y Fútbol Más invitan a todos los actores sociales y al público en general a sumarse a esta cruzada de no a la discriminación, para construir países más inclusivos, donde los niños, niñas y adolescentes crezcan libres de prejuicios.

El sitio web de la campaña de UNICEF, realizada junto a la Fundación Fútbol Más, es www.unicef.cl/web/copaamerica2015.