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Women stand in a shelter for girls and women who have endured sexual and gender-based violence, in Mogadishu, Somalia.

Un día de rabia

El viernes fue un día especialmente duro. El trabajo se mezcló con un sentimiento de indignación.

En realidad no era indignación, sino más bien rabia. Porque, entre otras cosas, nos centramos en varios informes sobre violaciones. Las terribles violaciones y la esclavitud a la que se somete a las mujeres y las niñas en Iraq. La terrible violación de una niña de 12 años en la República Centroafricana. La violencia sexual contra los trabajadores humanitarios. Y podríamos seguir con una larga lista.

Hay una “nueva costumbre” en el mundo: los conflictos y la violencia se están extendiendo, y la capacidad de la respuesta humanitaria es incapaz de alcanzar su ritmo a pesar de los esfuerzos de la gente y de los gobiernos de buena voluntad.

Zainab [NOMBRE CAMBIADO], de 16 años, coloca las manos para crear sombras en una pared iluminada por el sol, en un centro de tránsito asistido por UNICEF para niños ex-soldados que acaban de ser liberados. Se encuentra en la ciudad de N’dele, capital de la Prefectura de Bamingui-Bagoran, al norte de la República. Con la intención de vengarse de la muerte de su prometido, Zainab se unió a un grupo armado, pero una vez fue reclutada empezó a sufrir abusos sexuales por parte de los soldados. Ahora se recupera en este centro, donde además recibe formación básica de negocios para tratar de alcanzar su sueño de regentar un restaurante.

Zainab*, de 16 años, en el centro de tránsito asistido por UNICEF para niños ex-soldados recién liberados de la República Centroafricana © UNICEF/NYHQ2012-0884/Sokol

Sin embargo, el abuso sexual a mujeres, niñas y niños en conflictos no tiene nada de “nuevo”. Y, por supuesto, no podemos considerarlo una “costumbre”.

Hace tiempo que las mujeres y las niñas se consideran uno de los botines de la guerra. Si leemos acerca de la destrucción de los castillos y las ciudades antiguas por parte de los ejércitos victoriosos, encontramos una razón por la que el “botín” va precedido de la “violación”.

A principios de la era romana, cuando los sabinos se negaron a entregar a sus mujeres como esposas a los romanos, estos las capturaron.

De hecho, los textos religiosos antiguos, que reflejan la visión de sus autores y de la época, todavía sirven a los más pervertidos como una justificación de moralidad para la brutalidad de sus actos. Como informaba el New York Times el jueves, aquellos que esclavizan y violan a mujeres y niñas en Iraq de manera sistemática “justifican” sus actos con los textos del Corán.

Antes de que aquellos que no son musulmanes juzguen a esta religión, deberían recordar que los textos antiguos de otras religiones también podrían utilizarse con este fin. Según los Números 31:17-18, Moisés dijo a sus hombres después de una batalla: “Matad, pues, ahora a todos los varones de entre los niños; matad también a toda mujer que haya conocido varón carnalmente. Pero a todas las niñas entre las mujeres, que no hayan conocido varón, las dejaréis con vida”. En otras palabras, esclavizad a las vírgenes.

Nadie en su sano juicio debería tomarse esos pasajes como una instrucción religiosa o absolución de unos actos tan crueles. Pero esos textos muestran que la violación no es una aberración; es el resultado más atroz del prisma que han utilizado los hombres a lo largo de la historia para considerar a las mujeres como algo que les pertenece.

En el antiguo código de conducta de los hindúes, las Leyes de Manu, se muestra a la mujer de esta forma en repetidas ocasiones. Por ejemplo, “Pita rakhshati…” — 9/3. “Las mujeres no son capaces de vivir solas, y por ello deben estar bajo custodia: la de su padre, cuando son niñas; la de su marido, cuando son mujeres; y la de su hijo, cuando son viudas”. De modo que se tratan como objetos que los hombres pueden utilizar a su antojo. Una actitud que puede derivar en consecuencias terribles.

Unas mujeres en el refugio para mujeres y niñas que han sufrido violencia sexual y de género en Mogadiscio, Somalia.

Unas mujeres en el refugio para mujeres y niñas que han sufrido violencia sexual y de género en Mogadiscio, Somalia. © UNICEF/NYHQ2012-0712/Holt

Preste atención a esta cruel estadística de las Naciones Unidas: se calcula que una de cada cinco mujeres de todo el mundo será víctima de violaciones o de intentos de violaciones en algún momento de su vida.

La cruda realidad es que no tenemos cifras exactas de las mujeres y niñas que sufren violencia sexual durante los conflictos, pero no hay duda de que son más de una de cada cinco.

Se calcula que más de 200.000 mujeres han sufrido violencia sexual en la República Democrática del Congo desde que comenzó el conflicto armado. Además, durante el genocidio de Ruanda de 1994, se denunciaron entre 250.000 y 500.000 violaciones a mujeres. En Bosnia, se estima que al menos 20.000 mujeres han sido violadas o han sufrido violencia sexual durante ese conflicto, aunque es posible que nunca se sepa el número exacto. Es difícil hacer una estimación de las mujeres y niñas violadas en Darfur. Y esto es solo una parte de la terrible lista de un horror mundial.

Las mujeres y las niñas no solo se consideran los botines de la guerra y del conflicto, sino que además sus violaciones se utilizan como instrumento de guerra para aterrorizar a la población y a los enemigos y conseguir su sumisión y su rendición. Por ello, siempre son víctimas del genocidio.

Así, el viernes, mientras trabajábamos para acelerar los procedimientos internos relativos a informes (de supuestos casos de violencia sexual y del trabajo que nuestros colegas realizan en el terreno para ayudar a las víctimas), sentimos rabia una vez más. No solo por ver cómo muchas mujeres y niñas siguen sufriendo violaciones, sino también porque, después de tantos siglos, los seres humanos seguimos violando nuestras mejores esperanzas.

Al final, mientras en las Naciones Unidas –como en muchas otras instituciones– nos enfrentamos a asuntos legales y procedimientos complejos, lo que más nos preocupa es conseguir que en lugar de producir aturdimiento moral, las estadísticas y los testimonios de abuso sexual produzcan un sentimiento de indignación que nos impulsen a actuar.

Anthony Lake es el Director Ejecutivo de UNICEF. Geeta Rao Gupta es Directora Ejecutiva Adjunta de UNICEF.

Esta historia se publicó en el Huffington Post  el 17 de agosto de 2015.

*El nombre se ha cambiado para preservar su identidad.

One in three children will be born in Africa in 2050

In 2013, about 53 percent—or $2.1 billion—of UNICEF’s expenditures were invested in Africa to accelerate results for children. Remarkable progress has been made in the past decades: under-five mortality rates have decreased by 45 percent between 1990 and 2012, and primary school enrolment has improved, among other successes. But challenges still abound and Africa still has the most alarming indicators for children worldwide.

On March 25, UNICEF Executive Director Anthony Lake met with the African Group in New York, comprised of the Ambassadors of 54 African nations to the United Nations, to reaffirm the common vision of UNICEF and of African countries that progress in the lead-up to the Millennium Development Goals (MDGs) 2015 deadline should be accelerated, and that children should be at the heart of the post-2015 development agenda.

Mr. Lake underlined the crucial importance of investing in the education, health and social sectors—not only because it is the right thing to do for the future of children in Africa and everywhere—but also because there is a powerful economic argument for doing so. In 2050, one in three children will be born in Africa. In the coming decades, the African workforce will be the biggest in the world.

“It is today’s children who will be tomorrow’s leaders, entrepreneurs, peacemakers, doctors,” said Mr. Lake. “If we do not invest in children now, the workforce of tomorrow will not be as effective, and that would be a great hindrance to a continent with tremendous possibilities.”

Mr. Lake addressed a great health challenge as he reaffirmed the commitment of UNICEF and its partners to the fight against polio. He expressed confidence that the disease could be eradicated in the foreseeable future in Nigeria, the only African country where it is still endemic, translating into real progress for the whole continent in this fight.

Mr. Lake added that equity for children should be intrinsic to the post-2015 agenda. As investing in the education and health sectors, focusing on equity is not just a matter of principle but of practical progress: “The more unequal societies are, the more there is a drag on economic growth. If you work with an equity strategy to reach into the poorest neighbourhoods and to reach the most disadvantaged children, you will speed up progress towards the MDGs. In other words, doing the right thing and promoting equity increases economic growth.”

Finally, Mr. Lake talked of the value of considering not just the quantity, but also the quality of results achieved. For example, worldwide, 130 million children who are enrolled in primary school can still not read or write. He reiterated that collecting and sharing data would continue to be a critical part of UNICEF’s work to support countries in their efforts to identify and reach the most disadvantaged children.

In subsequent remarks, the Ambassadors of the African Group in New York agreed with the Executive Director’s statement that the future of Africa lies in investing in children. They further expressed their appreciation of UNICEF’s work on the continent, and pledged to continue working in close partnership with the organization to achieve results for children.

“Africa from North to South, from East to West, knows that UNICEF is doing a very good job, a very challenging job because it is a job on the ground,” said Ambassador João Soares Da Gama, Chair of the African Group in New York. “You are known by everybody, from the children to the women to the men.”

UNICEF Executive Director Anthony Lake addresses members of the African Group in New York City in the United States of America. Beside him are (left-right) Permanent Observer of the African Union to the United Nations Ambassador Téte António and Permanent Representative of the Republic of Guinea-Bissau to the United Nations and Chair of the African Group in New York Ambassador João Soares Da Gama. © UNICEF/NYHQ2014/Susan Markisz

UNICEF Executive Director Anthony Lake addresses members of the African Group in New York City in the United States of America. Beside him are (left-right) Permanent Observer of the African Union to the United Nations Ambassador Téte António and Permanent Representative of the Republic of Guinea-Bissau to the United Nations and Chair of the African Group in New York Ambassador João Soares Da Gama. © UNICEF/NYHQ2014/Susan Markisz

Read the UNICEF Children in Africa Brochure