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One-month-old Monyaguek from South Sudan is held by his mother while receiving a dose of oral polio vaccine.

A great day for Africa: polio nears its end

Today marks one year since we have had a case of the wild poliovirus anywhere in Africa, the last having been reported from Somalia with a date of onset of 11th August 2014.

What an extraordinary achievement and what a powerful symbol of the progress that has been made on the African continent over the past generation.

What got us to this point was not just a vaccine, it was the tireless work of hundreds of thousands of volunteers, traditional and religious leaders at community level, combined with the commitment and determination of national and local governments. On the global level it has involved a remarkable partnership between WHO, Rotary International, the Centres for Disease Control, the Bill and Melinda Gates Foundation and UNICEF, backed by the generous contributions of many public and private donors.

A girl in Somalia holds out her hand to display her ink-marked finger, which demonstrates that she has been vaccinated against polio.

A girl in Somalia displays her ink-marked finger, demonstrating that she has been vaccinated against polio. © UNICEF/NYHQ2013-1318/Ohanesian

Last month we applauded Nigeria for having achieved a year without detection of the wild poliovirus, despite the enormous challenges posed by insecurity in the Northeast of the country. We have also seen polio outbreaks in Cameroon, Equatorial Guinea and the Horn of Africa halted, thanks to the professionalism, ingenuity and courage of UNICEF staff and our partners.

Globally, we are on the verge of totally eradicating a disease for only the second time in history – as we approach the General Assembly’s endorsement of the Sustainable Development Goals, what a wonderful time to be able to encourage the global community to set ambitious goals and to know that such goals can be met – if we believe.

In November I will end a career of nearly forty years in development. On the 15th of August 1977 I set off for Khartoum. In the months and years that followed I travelled extensively throughout Sudan – on the top of trucks, by train, at the wheel of a Land Rover on nearly impossible roads, and by paddle steamer down the Nile. During these journeys I gained an appreciation for the enormous size of the country and for the extraordinary hardship and isolation in which many of its population lived. I left Sudan in 1983, as the civil war was starting and returned in 2007, as Director of the UNICEF programme in the South of what was then still a united country.

In 2008 we had an outbreak of polio that originated in Jonglei State, close to the border with Ethiopia. It is hard to describe the isolation of this place – an area of marshes, vast cotton-soil plains that become impassable after rains, and an area that has long been plagued by insecurity. Despite all of these challenges – and ongoing insecurity and conflict to this day – the polio outbreak was contained and, what is now the independent nation of South Sudan, has not seen a single case of wild poliovirus since.

One-month-old Monyaguek from South Sudan is held by his mother while receiving a dose of oral polio vaccine.

One-month-old Monyaguek from South Sudan is held by his mother while receiving a dose of oral polio vaccine. © UNICEF/NYHQ2011-2460/Sokol

Similar remarkable achievements across Africa have provided the basis for what we celebrate today.

While today’s milestone is extraordinary, it is not an endpoint. For Nigeria, two more years must pass without a case of wild poliovirus before it can finally be certified as polio-free, along with the rest of the African continent. To achieve this goal, Nigeria and the many other African countries that remain at risk for polio must maintain high-quality surveillance, work ever-harder to improve the quality of vaccination campaigns, and act decisively, should further outbreaks occur. They must also re-double their efforts to improve routine immunization.

With Africa now on track, we are left with only two countries where polio transmission has never been interrupted: Pakistan and Afghanistan. Here too, despite enormous challenges, communities, governments and partners are working with courage and determination to end polio once and for all: today’s anniversary in Africa gives us the faith to believe that they too can succeed.

Peter Crowley is the head of UNICEF’s Polio unit.

A girl in Somalia holds out her hand to display her ink-marked finger, which demonstrates that she has been vaccinated against polio.

Un gran día para África: se acerca el fin de la polio

El 11 de agosto hizo un año del último caso del virus poliomielítico salvaje registrado en toda África, que se detectó en Somalia el 11 de agosto de 2014.

Durante la última generación se han hecho logros extraordinarios, y el continente africano se ha convertido en un poderoso símbolo de progreso.

Esto ha sido posible no solo gracias a una vacuna, sino también al trabajo infatigable de cientos de miles de voluntarios, líderes tradicionales y religiosos a  nivel comunitario, combinado con el compromiso y la determinación de los gobiernos nacionales y locales. A escala global, este trabajo ha implicado una importante alianza entre la OMS, Rotary International, los Centros para el Control de Enfermedades, la Fundación de Bill y Melinda Gates y UNICEF, respaldados por las generosas contribuciones de numerosos donantes públicos y particulares.

En Somalia, una niña muestra su dedo lleno de tinta, lo que demuestra que la han vacunado contra la polio.

En Somalia, una niña muestra su dedo lleno de tinta, lo que demuestra que la han vacunado contra la polio. © UNICEF/NYHQ2013-1318/Ohanesian

El mes pasado aplaudíamos porque en Nigeria había transcurrido un año sin detectar ningún caso del virus poliomielítico salvaje, si bien sigue habiendo riesgos en el noreste del país. Por otra parte, gracias a la profesionalidad, el ingenio y la valentía de los miembros y aliados de UNICEF, hemos asistido a la detención de los brotes de la polio en Camerún, Guinea Ecuatorial y el Cuerno de África.

En el plano internacional, nos encontramos a punto de erradicar una enfermedad por segunda vez en la historia. Pronto tendrá lugar la aprobación de los Objetivos de Desarrollo Sostenible por parte de la Asamblea General, y qué mejor momento que este para animar a la comunidad internacional a establecer unos objetivos ambiciosos y saber que, con voluntad, lograremos conseguirlos.

En noviembre finalizará mi trayectoria de casi cuarenta años dedicados al desarrollo. El 15 de agosto de 1977 marché a Jartum. Durante los meses y los años posteriores recorrí Sudán a lo largo y a lo ancho, encima de camiones, en tren, en la rueda de un Land Rover por carreteras imposibles y a remo por el Nilo. Durante mis viajes tuve la oportunidad de apreciar las enormes dimensiones del país y las grandes dificultades y el aislamiento que sufren muchos de sus habitantes. Me fui de Sudán cuando empezó la guerra civil en 1983, y volví en 2007 como Director del programa de UNICEF para el Sur del que, por entonces, aún era un país unido.

En 2008 hubo un brote de polio con origen en el Estado de Junqali, cerca de la frontera con Etiopía. Es difícil describir el aislamiento que sufre este país, una zona llena de pantanos, terrenos de vertisoles que imposibilitan el tránsito tras las lluvias, y una zona en la que durante mucho tiempo ha reinado la inseguridad. A pesar de todas estas dificultades y de la inseguridad y el conflicto que permanece hoy en día, se consiguió frenar el brote de polio, y lo que hoy es la nación independiente de Sudán del Sur no ha vuelto a presentar un solo caso nuevo de poliomielitis.

En Sudán del Sur, una madre sostiene a su bebé Monyaguek, de un mes de edad, mientras le proporcionan una dosis de la vacuna oral contra la polio.

En Sudán del Sur, una madre sostiene a su bebé Monyaguek, de un mes de edad, mientras le proporcionan una dosis de la vacuna oral contra la polio. © UNICEF/NYHQ2011-2460/Sokol

Otros logros parecidos ocurridos en distintas partes de África constituyen la base de la noticia que celebramos.

Aunque se trata de un hito incomparable, no significa que sea el fin de la enfermedad. En el caso de Nigeria, es necesario que transcurran dos años sin detectar un caso del virus poliomielítico antes de poder garantizar que están libres de polio, al igual que el resto del continente africano. Para conseguirlo, Nigeria y otros muchos países africanos que continúan padeciendo riesgo de sufrir nuevos casos de polio deben mantener una vigilancia de alta calidad y trabajar aún más para mejorar la calidad de las campañas de vacunación. Deberán actuar con decisión en caso de que surjan nuevos brotes, y tendrán que redoblar sus esfuerzos para optimizar las prácticas de inmunización.

Ahora que la situación de África parece haber tomado un buen rumbo, nos quedan solo dos países donde todavía no ha cesado nunca la transmisión de la polio: Pakistán y Afganistán. Allí, a pesar de las enormes dificultades, las comunidades, los gobiernos y los aliados trabajan con ahínco y determinación para erradicar la polio de una vez por todas. El aniversario que celebramos en África nos da motivos para creer que ellos también podrán conseguirlo.

Peter Crowley es el jefe de la unidad de UNICEF contra la Polio.

Aboubacar (con gafas), rodeado por su familia, habla con trabajadores de UNICEF. © LEÓN KAMANO

Las familias dan un paso adelante por los niños huérfanos por el ébola

Aboubacar (con gafas), rodeado por su familia, habla con trabajadores de UNICEF. © LEÓN KAMANO

Aboubacar (con gafas), rodeado por su familia, habla con trabajadores de UNICEF. © LEÓN KAMANO

Cuando murieron su hermano y su cuñada, Aboubacar, el único sostén de su familia, acogió a sus seis sobrinos huérfanos. Unos días después tres de ellos presentaron síntomas de ébola: Ousmane, de 14 años, Massa, de 12, y Adama, de 10.

Como había oído por la radio los mensajes de sensibilización sobre el ébola, Aboubacar llamó inmediatamente a la Cruz Roja Guineana, que se llevó a los tres niños a la Unidad de Tratamiento de Ébola (UTE) de Guéckédou. Cuando vio que a los niños se los llevaba gente vestida con trajes de protección, lloró por primera vez. Le preocupaba que pudieran morir, como le había pasado a su hermano.

Cuando Ousmane, Massa y Adama se fueron, los vecinos de Aboubacar le acusaron de haber vendido a los hijos de su hermano, porque para ellos ir a la UTE era “un viaje de ida, sin retorno”. Algunos creían que los niños eran vendidos a los centros de tratamiento del ébola, donde se experimentaba con ellos antes de matarlos. La gente dejó de hablarle y rehuyó a su familia.

Los rumores se agravaron tanto que sus parientes en Fouala, un pueblo a unas tres horas de distancia en coche, enviaron a su hermana para enterarse de qué había pasado con los niños. Después de hablar con los médicos del UTE y ver por sí misma que los niños estaban bien y bien cuidados, informó a los ancianos y a la gente de la comunidad.

El día que los niños volvieron a casa, Aboubacar dijo en las mezquitas y a las autoridades locales: “Como veis, no he vendido a los niños. He tratado de salvarlos”. Las esperanzas de Aboubacar de que la desconfianza se apagara tras la vuelta de los niños sanos y salvos, se desvaneció cuando surgió otro problema para la familia: el estigma. Mientras que algunas familias empezaron gradualmente a hablarle otra vez, otros vecinos llegaron tan lejos como para mudarse. Otros siguieron ignorándoles y prohibieron a sus hijos jugar con los niños en casa de Aboubacar, algo impensable en la cultura guineana.

Aboubacar, que ahora es responsable de 15 niños, necesita toda la ayuda que pueda conseguir. Para apoyar a familias como la suya, UNICEF ha desarrollado un programa de transferencia de efectivo cuyo objetivo es evitar que las familias con niños afectados por el ébola caigan en la pobreza extrema. Además, se espera que con el apoyo a familias como la de Aboubacar, otras familias se animen a acoger huérfanos. Afortunadamente, en Guinea raramente hay niños sin tutores. La mayoría de las veces los parientes lejanos se presentan voluntariamente para cuidar a los niños que han perdido a sus padres o tutores.

Cuando les preguntaron sus experiencias y cómo se habían sentido durante su tratamiento, Ousmane, Massa y Adama dijeron que lo peor fue cuando llegó el equipo vestido con “el traje que daba miedo” y se los llevó en ambulancia, dejando atrás al resto de sus hermanos. No sabían dónde iban, no sabían qué iba a pasarles.

En la parte trasera de la ambulancia, se agarraron los unos a los otros con miedo. Después de un rato, se dieron cuenta de que al menos, fueran donde fueran, estarían juntos.

Su experiencia en el UTE fue traumática. El equipo médico les cuidó muy bien, pero continuamente fueron testigos de la enfermedad violenta y de la muerte. Esto, teniendo tan reciente la muerte de sus padres, continúa obsesionándoles.

El día que les dieron el alta recibieron ropa nueva, sábanas y comida. Además UNICEF gestionó su vuelta a casa. Para ayudar a los niños a afrontar hechos traumáticos como este, UNICEF está implementando un programa de apoyo psicosocial dirigido a las comunidades, familias y niños afectados por el ébola a lo largo de todo el país.

Hace unas semanas, los niños volvieron a la escuela junto con el resto de niños y niñas de Guinea. Así dan la bienvenida a una sensación de normalidad en sus vidas.

 

Este artículo fue publicado originalmente en El Mundo

Timothy La Rose es especialista en Comunicación y Kadijah Diallo es oficial de información de UNICEF Guinea

Children attend French class at a school in Ghana. © UNICEF/NYHQ2007-0931/Asselin

Evidence from Africa shows cash transfers increase school enrollment

Children attend French class at a school in Ghana. © UNICEF/NYHQ2007-0931/Asselin

Children attend French class at a school in Ghana. © UNICEF/NYHQ2007-0931/Asselin

An estimated 63 million adolescents between the ages of 12 and 15 are currently out of school, according to a recent report by the UNESCO Institute for Statistics and UNICEF. This is a staggering number, and the barriers to school enrolment–poverty, conflict, gender discrimination, and child labour–are not easy to overcome.

However, researchers are helping to identify what works in social protection to increase secondary school enrolment in Africa, particularly among the poorest, rural households – groups that were highlighted as having the greatest need in the new report.

One tool in a national government’s arsenal of social protection strategies is cash transfer programmes, where households receive cash benefits on a monthly basis. Cash transfer programmes have increased secondary enrolment rates, between 5 to 12 percentage points in Ghana, Kenya, Lesotho, Malawi, South Africa, and Zambia. Most cash transfer programmes in Africa are unconditional.

Further, evidence shows that these programmes have the ability to encourage out-of-school students to return. There are several ways that cash transfers might increase school enrolment for children.

  • First, increased income in the short term through cash transfers might allow households to pay for school fees, uniforms, other supplies, and transportation.
  • Second, they might alleviate the need for children to work, therefore allowing them to attend school.
  • Finally, they might alter household members’ outlook on the future and decisions to invest in their children’s schooling.

Increased schooling will not only allow adolescents to gain better jobs and break the inter-generational cycle of poverty, but it also has protective effects against violence and HIV/AIDS. One study found that a one-year increase in schooling decreased the probability of an adult woman testing positive for HIV by 6 percentage points in Malawi and 3 percentage points in Uganda. Women and men with more education report later sexual debut and are more likely to use condoms once they do have sex, behaviours that reduce HIV risk.

Additionally, the World Health Organization (WHO) conducted a study in ten countries and found that women with a secondary education (or those whose partners had a secondary education) were less likely to report having experienced intimate partner violence.

Impacts of cash transfers in Africa are summarized in a brief released this week by the Transfer Project: a research partnership which aims to provide evidence through rigorous impact evaluations in an effort to allow national governments to better design and implement social transfer programmes. Researchers are currently evaluating social cash transfer programmes in a number of African countries, looking at education, and other non-traditional impact areas such as economic activity, livelihoods and resilience, HIV prevention, violence, early childhood development, intra-household decision-making, mental health, subjective welfare and time preference.

Fixing the Broken Promise of Education for All released by UNESCO and UNICEF highlighted many challenges to reducing the number of out-of-school adolescents, and noted that the most marginalized children are often those who are poor, disabled, in conflict zones, or are female. Social cash transfer programmes in Africa target several of these vulnerable populations and have shown promising impacts among the poorest households and those with other vulnerabilities, like disabled caregivers or households caring for orphans and vulnerable children.

Increased investments and commitment to these social protection programmes are important steps in addressing the barriers identified above.

Tia Palermo is Social Policy Specialist in the Social & Economic Policy Section at UNICEF’s Office of Research – Innocenti, where she conducts research with the Transfer Project.
The Transfer Project is working to provide rigorous evidence on programme impacts in an effort to inform future programme design and scale-up. For more information on the Transfer Project’s research on cash transfers, we invite you to read our research briefs here.

USF visit to Ethiopia

En Afrique, une étude démontre que les transferts monétaires font augmenter la scolarisation

Des enfants suivent une classe de français dans une école du Ghana. © UNICEF/NYHQ2007-0931/Asselin

Des enfants suivent une classe de français dans une école du Ghana. © UNICEF/NYHQ2007-0931/Asselin

Un récent rapport de l’Institut de statistique de l’UNESCO et de l’UNICEF estime qu’actuellement 63 millions d’adolescents de 12 à 15 ans ne sont pas scolarisés. C’est un chiffre énorme et les obstacles à la scolarisation – pauvreté, conflits, discrimination sexuelle et travail des enfants – ne sont pas faciles à surmonter.

Cependant, des chercheurs travaillent à identifier ce qui en termes de protection sociale contribue efficacement à accroître la scolarisation au niveau secondaire en Afrique, particulièrement parmi les ménages les plus pauvres, dont les ménages ruraux – les groupes qui dans ce nouveau rapport sont caractérisés comme ayant les plus grands besoins.

Un des outils dans l’arsenal des stratégies de protection sociale à la disposition d’un gouvernement national est constitué par les programmes de transfert monétaire grâce auxquels les ménages reçoivent une allocation en espèces sur une base mensuelle. Les programmes de transfert monétaire ont fait augmenter les taux de scolarisation au niveau secondaire de 5 à 12 % au Ghana, au Kenya, au Lesotho, au Malawi, en Afrique du Sud et en Zambie. La plupart des programmes de transfert monétaires africains ne sont soumis à aucune condition.

De plus, les données recueillies démontrent que ces programmes ont la capacité d’encourager les élèves ayant abandonné l’école à reprendre leurs études. Les transferts monétaires sont susceptibles de faire augmenter la scolarisation des enfants de différentes manières.

  • Premièrement, une augmentation de revenu sur le court terme par des transferts monétaires peut aider les ménages à payer les frais d’inscription, les uniformes, les fournitures scolaires et les transports scolaires.
  • Deuxièmement, ils peuvent diminuer le besoin de faire travailler les enfants, ce qui leur permet de fréquenter une école.
  • Finalement, ils ouvrent la possibilité de modifier la manière dont les membres d’un ménage envisagent l’avenir et les décisions d’investir dans la scolarisation des enfants.

Une meilleure scolarisation ne permettra pas seulement aux adolescents d’obtenir de meilleurs emplois et de briser le cycle de la pauvreté intergénérationnelle, elle a aussi des effets protecteurs contre la violence et le VIH/SIDA. Une étude a montré qu’une prolongation d’un an de la scolarité faisait baisser la probabilité qu’une femme adulte se révèle séropositive de 6 % au Malawi et de 3 % en Ouganda. Les femmes et les hommes qui ont eu une scolarité plus longue déclarent avoir commencé à être sexuellement actifs plus tardivement et sont les plus enclins à utiliser des préservatifs, des comportements qui réduisent le risque de contracter le VIH.

En outre, l’Organisation mondiale de la Santé (OMS) a mené une enquête dans dix pays et montré que la probabilité d’avoir subi des violences dans l’intimité de la part de leur partenaire était plus faible chez les femmes qui avaient suivi une scolarité secondaire (ou dont les partenaires avaient eu une éducation secondaire)

Les effets des transferts monétaires en Afrique ont été résumés dans une note publiée cette semaine par le Projet transfert, un partenariat de recherche dont le but est de fournir des données factuelles au moyen d’évaluations d’impact rigoureuses, afin de permettre aux gouvernements nationaux de concevoir et de mettre en œuvre des programmes de transfert améliorés. Les chercheurs analysent actuellement les programmes sociaux de transfert monétaire appliqués dans un certain nombre de pays africains en étudiant leurs effets sur l’éducation ainsi que dans d’autres domaines non traditionnellement pris en compte comme les activités économiques, les moyens d’existence et la résilience des ménages, la prévention du VIH, la violence, le développement au stade de la petite enfance, la prise de décision dans le cadre du ménage, la santé mentale, le bien-être subjectif, la préférence temporelle.

« Réaliser la promesse non tenue de l’éducation pour tous », le rapport publié par l’UNESCO et l’UNICEF, met en lumière les défis que présente la réduction du nombre d’adolescents non scolarisés et note que les enfants les plus marginalisés sont fréquemment ceux qui sont pauvres, handicapés, qui vivent dans des zones de conflit, ainsi que les filles. Les programmes sociaux de transfert monétaire africains ciblent plusieurs de ces groupes vulnérables de la population et ils ont manifesté des effets prometteurs pour les ménages les plus pauvres ou qui souffrent d’autres vulnérabilités, comme ceux qui comprennent des aidants naturels handicapés, ou ceux qui ont la charge d’orphelins ou d’enfants vulnérables.

Des investissements accrus et des engagements réaffirmés en faveur de ces programmes de protection sociale sont des mesures importantes pour pouvoir surmonter les obstacles identifiés ci-dessus.

Tia Palermo est Spécialiste de politique sociale à la section Politique économique et sociale du Centre de recherches Innocenti de l’UNICEF où elle mène des recherches avec le Projet transfert.

Le Projet transfert travaille à fournir des données factuelles rigoureuses sur l’impact des transferts monétaires de manière à informer la conception et l’extension des futurs programmes. Pour de plus amples informations sur les recherches effectuées par le Projet transfert sur les transferts monétaires, nous vous invitons à consulter ces notes d’information.

@UNICEF/Turkey-2015/Yurtsever. Halil tiene  años, es de Aleppo y vive en un campamento de refugiados en Turquía.

La nieve no es divertida para los niños de Siria

@UNICEF/Turkey-2015/Yurtsever. Halil tiene  años, es de Aleppo y vive en un campamento de refugiados en Turquía.

@UNICEF/Turkey-2015/Yurtsever. Halil es de Aleppo y vive en un campamento de refugiados en Turquía.

¿Qué es lo primero que te viene a la cabeza cuando piensas en el invierno? Muñecos de nieve, la diversión de lanzarse bolas de nieve, un café caliente, castañas, mantas de forro polar, guantes de lana de colores… Sin embargo, la nieve y el invierno no tienen las mismas connotaciones positivas para todos, en especial, para los niños que tienen que trabajar en el frío con ropa ligera nada apropiada para el invierno.

Las duras condiciones del invierno se han extendido por toda Turquía. Grandes nevadas, tormentas y fuertes vientos hacen que la vida diaria sea más dura, sobre todo para los que tienen que estar en el exterior.

Algunos sirios en Turquía, ya sea en campamentos o comunidades de acogida, especialmente los que viven en refugios y tiendas de nylon en suburbios, ya han tenido su porción de duro invierno. Como suele ser habitual, estas condiciones afectan sobre todo a los niños. Algunos de estos niños están fuera todo el día, recolectando papeles en lugar de estar en el colegio.

Según cifras oficiales del gobierno turco, hay aproximadamente 1,6 millones de ciudadanos sirios en Turquía y, de ellos, 1,4 millones viven fuera de los campamentos, en zonas de difícil acceso, en 72 ciudades del país. El número de niños que viven en los campamentos es de 119.000, mientras que el número de los que viven fuera de ellos ha alcanzado los 763.000.

Ankara, la capital de Turquía, acoge un gran número de sirios en diferentes zonas de la ciudad, incluyendo el valle de Dikmen. Este valle, que se encuentra en proceso de transformación urbana, conlleva varias contradicciones en sí mismo; en un lado, se levantan edificios de un gran número de plantas y villas de lujo, en el otro, se asoman los barrios de chabolas.

Estas familias, que han inmigrado desde las zonas rurales de Alepo a Ankara, se han construido una vida frágil en este valle. Algunos niños sirios caminan descalzos de un lado para otro e intentan sobrevivir en un entorno insalubre.

Copos de nieve en las pestañas

Khalil es de Alepo, solo tiene 7 años y nos recibe descalzo frente a su tienda. La respuesta a la pregunta “¿Qué te gustaría ser en el futuro?”, es descorazonadora: “No quiero ir al colegio. Voy a trabajar”. Él es solo otro miembro de una familia en la que todos los hermanos recogen papeles por las calles.

El pelo engominado hacia atrás de Ferit resulta muy llamativo. “Tengo frío. ¡Sobre todo por las noches! Hace mucho frío cuando amanece. Siempre hay nieve en el techo de nuestra tienda de campaña”, dice este niño de 10 años mientras los copos de nieve en sus pestañas se derriten.

Las historias de sus amigos no son mucho más diferentes de la de Khalil. Ninguno de ellos va al colegio. Aunque solo tiene 14 años, Mohammed se siente responsable de su familia. Está recogiendo unas botas rosas para su hermana y así mantener sus pies abrigados.

Yusuf, de 11 años, cuenta que “un abrigo, un par de botas y unos guantes negros” que le mantengan caliente es un sueño de invierno.

Dos jóvenes madres – una con un bebé pequeño y otra con uno algo mayor que lleva una chaqueta de verano – se muestran desconfiadas de hablar con nosotros. Solo cuando ya se marchan, en un susurro casi avergonzado, nos dicen: “Mandadnos ropa de abrigo, por favor”.

Encontrarán información sobre la labor de UNICEF con relación a la crisis en Siria aquí: http://www.unicef.es/infancia/emergencias-ayuda-humanitaria/crisis-en-siria

Por Ayberk Yurtsever para UNICEF desde un campamento de refugiados sirios en Turquía.

El artículo original fue publicado en El País: http://bit.ly/16h795Q

Headmistress Madame Gpoili Pelagie brought her own chalk and equipment when she re-opened her school in western CAR.

El regreso a la escuela en la República Centroafricana

La escuela es el único lugar en el que Valerie, de 7 años, se siente segura.

Valerie me cuenta que cuando juega en el exterior, se acuerda del día en que su padre murió en plena calle a causa de una bala perdida. Y cuando, en casa, se va a dormir, le vienen recuerdos de aquellas noches que retumbaban con el ruido de los disparos.

Valerie has returned to school thanks to UNICEF and the Global Partnership for Education.

Valerie ha regresado a la escuela gracias a UNICEF y a la Alianza Mundial para la Educación. (c) UNICEFCAR/2014/Logan

La clase es el único lugar donde Valerie logra recordar cómo era la vida antes de que la violencia se apoderara de la República Centroafricana. Dice que en la escuela tiene la oportunidad de aprender algo nuevo.

La educación de la infancia ha sido una de las víctimas de este conflicto. La violencia y la inseguridad han interrumpido dos cursos escolares. Pero este mes, los niños y niñas comenzarán a retornar a sus clases gracias a una ambiciosa campaña de regreso a la escuela que beneficiará a 662.000 escolares.

Estamos trabajando con los docentes, con los progenitores y con el Gobierno no sólo para reconstruir las escuelas, sino para transformarlas en lugares en que los niños y niñas, además de aprender a leer y escribir, aprendan también a convivir en paz.

En el marco de la Alianza Mundial para la Educación estamos comenzando de nuevo: rehabilitando las escuelas, ayudando con clases de recuperación para los alumnos, impartiendo formación a los profesores y repartiendo material y equipos como libros de ejercicios, lápices y pupitres escolares.

Hasta la ayuda más básica es fundamental. Cuando la Sra. Gpoili, directora de una escuela primaria situada en el oeste de la República Centroafricana, reabrió las puertas de su centro, ni siquiera tenía tizas.

Cuando reabrió las puertas de su escuela, situada en el oeste de la República Centroafricana, la directora, la Sra. Gpoili Pelagie, trajo consigo sus propias tizas y materiales

Cuando reabrió las puertas de su escuela, situada en el oeste de la República Centroafricana, la directora, la Sra. Gpoili Pelagie, trajo consigo sus propias tizas y materiales (c)UNICEFCAR/2014/Logan

“Me traje mis propias tizas al trabajo, además de algunos cuadernos y bolígrafos para los niños”, me explicó.

Poco después de que la directora abriera de nuevo las puertas de sus aulas polvorientas, UNICEF procedió a repartir a los alumnos unos conjuntos de material escolar que contenían cuadernos, bolígrafos, lápices, gomas de borrar y sacapuntas.

La Sra. Gpoili eximió inicialmente del pago de las tasas escolares a los estudiantes cuyos progenitores carecían de los medios suficientes. Y como la escuela aún no cuenta con suficientes profesores, la directora imparte a su clase todas las materias.

La Sra. Gpoili opina que gracias a la reapertura de su escuela, la comunidad ha recuperado la fe en que la paz pueda regresar a la ciudad de Berberati y al país.

“Nuestro futuro son nuestros jóvenes, los necesitamos para que el país avance. Y yo voy a hacer todo lo que esté en mi mano para asegurar que asistan a la escuela”.

Ebola Fighters_Guinea_Fr

Los combatientes del ébola en Guinea

Los guineanos recogen y entierran a los muertos, ofrecen tratamiento a los enfermos, cuidan de los niños, conducen los camiones, organizan grupos de la comunidad para enseñar a los demás sobre el ébola y muestran todos los días de mil maneras su compromiso para detener el ébola.

Hoy, estamos orgullosos de presentar cuatro historias de luchadores del ébola en Guinea, cuyo trabajo refuerza la seguridad de todos nosotros.

 

Dr. Ibrahima

Nuestra serie comienza en Conakry, donde escuchamos al Dr. Ibrahima, un médico que ha estado tratando sin parar a pacientes del ébola, incluidos niños, desde el inicio del brote. Y más allá de proporcionar tratamiento, él y sus colegas también han contribuido a consolar a los niños que han quedado separados de sus seres queridos debido la enfermedad.



 

Aminata Bah

Desde allí visitamos Aminata, la jefa de etiquetación de la fábrica de cloro en Conakry. El cloro, producido localmente, es una de las armas más importantes en la lucha contra el ébola. Los empleados de la fábrica –como Aminata– están trabajando duramente para satisfacer la demanda de cloro que ha aumentado como resultado del ébola.



 

Hermana Francine

Desde Conakry viajamos a una pequeña clínica en una de las zonas más afectadas de la vasta región de bosques de Guinea, y escuchamos a la hermana Francine hablar sobre sus experiencias en el apoyo a las personas con otras enfermedades. Según la hermana Francine, la clínica ha perdido a muchos pacientes durante el brote de ébola porque la gente tiene miedo de que les envíen al Centro de Tratamiento de Ébola.



 

Imam Dr. Lacine Diallo

Por último, escuchamos la experiencia del Imán Dr. Lacine Diallo, que ha estado trabajando con los miembros de todas las religiones para asegurar que los fieles estén plenamente informados sobre el ébola y que la comunidad de líderes religiosos participe activamente en la respuesta. Con la ayuda de UNICEF, 650 líderes religiosos han recibido capacitación para ayudar a detener la propagación del ébola.

Guéckédou – home to one of Guinea’s two Ebola Treatment Centres run by Médecins Sans Frontières.

Ébola: la búsqueda del paciente cero

Una fotografía de la familia de un recién nacido, Emile, conocido como paciente cero, con su madre y su padre. Emile, su hermana mayor, Philomène, y su madre murieron después de contraer todos ellos el ébola.  (c) UNICEF/2014/Beaukes

Una fotografía de la familia de un recién nacido, Emile, conocido como paciente cero, con su madre y su padre. Emile, su hermana mayor, Philomène, y su madre murieron después de que todos contrajeran el ébola. (c) UNICEF/2014/Beukes

Es cierto que cuanto más alejado está uno de la crisis del ébola, más paranoico se siente acerca la enfermedad. Cuando llegué al centro mismo donde se cree que se originó el ébola, en África occidental –un pequeño pueblo pintoresco, situado en medio de un bosque, llamado Meliandou, en Guinea– me di cuenta de esta cuestión.

Mientras me preparaba para salir de Sudáfrica, mi bolsa estaba llena de todo tipo conocido de desinfectante, un termómetro que no hace falta colocarlo cerca del cuerpo y como respaldo uno de mercurio, pastillas para el paludismo, antibióticos para el pecho y el estómago, guantes, botas de goma, mascarillas, y una variedad de líquidos para esterilizar las manos. Mi cerebro estaba lleno de noticias frenéticas, de estadísticas cada vez más graves y de historias trágicas sobre vidas perdidas.

Destino: la Zona Cero
Para llegar a Meliandou, Guinea, desde Johannesburgo, Sudáfrica, había que viajar a través de Dakar, Senegal, arribar a continuación a Conakry, Guinea, y tomar un vuelo interno de las Naciones Unidas hacia el sureste de Kissidougou. Tras pasar siete puntos de lavado de manos con cloro y controles de temperatura, y después de dos horas en automóvil por una carretera escénica pero horrenda, llegamos a Guéckédou, donde se encuentra uno de los dos centros de tratamiento del ébola de Guinea a cargo de Médicos Sin Fronteras.

A partir de ahí, un “camino” aún peor me llevó hasta el pueblo sin pretensiones donde se cree que se inició la actual epidemia de ébola. Más específicamente, hasta el humilde hogar de Ouamouno, donde vivía quien según Wikipedia y numerosos artículos de prensa califican de paciente cero, un niño que contrajo la enfermedad de una forma desconocida.

Guéckédou, donde se encuentra uno de los dos centros de tratamiento del ébola de Guinea a cargo de Médicos Sin Fronteras.

Guéckédou, donde se encuentra uno de los dos centros de tratamiento del ébola de Guinea a cargo de Médicos Sin Fronteras.
(c) UNICEF/2014/Beukes

El nombre real del paciente cero es Emile Ouamouno. Tenía sólo dos años cuando murió en diciembre de 2013. Después de él, también murió su hermana Philomène. Y luego su madre.

En sólo un mes, el padre de Emile, Etienne, vio su familia hecha trizas. Visiblemente conmocionado y aún de duelo, busca entre un montón de fotografías antiguas para mostrarme el aspecto del niño cuando tenía unos pocos días de edad: un bulto de mantas que rodean una cara preciosa en manos de dos jóvenes padres inexpertos. Etienne enciende una radio portátil de color rojo brillante, que contrasta con el color marrón fangoso de la casa de dos habitaciones. “A Emile le gustaba escuchar la radio y a su hermana le gustaba cargar bebés en la espalda”, explica.

Antes de que sufrieran sus horribles muertes después de padecer fiebre, diarrea y hemorragias graves, él y su hermana solían bailar y jugar a la pelota fuera de la casa. Aquí se escuchaban con frecuencia muchas risas, pero ahora sólo existe el estertor de la tragedia a medida que el día avanza hacia la mañana siguiente.

“Ahora somos aún más pobres de lo que éramos antes”
La embestida de ébola es rápida y cruel. Su impacto a largo plazo es más terrible todavía. Para Etienne, un agricultor como tantos otros en su comunidad, el trauma de la pérdida se empareja con la ruina financiera causada por el estigma. Normalmente, los miembros de la comunidad Meliandou venden sus espinacas, trigo, arroz, maíz y plátanos en los alrededores de Guéckédou. Pero ya nada es normal.

“Nadie quiere comprar nuestros productos”, dice el jefe Amadou Kamano. Debido al miedo y el pánico, las familias también quemaron colchones, mantas y otras posesiones de las personas que murieron de ébola. Kamano dice: “La gente quemó todo por miedo… ahora somos aún más pobres de lo que éramos antes.”

Este es Brelesse Ouamouno y su hija. Él nos pidió que les tomáramos una foto junto a la tumba de su fallecida esposa, Torh, que murió en febrero después de contraer el ébola. (c) UNICEF/2014/Beukes

La calamitosa situación económica de Meliandou es una indicación de los problemas fiscales más generales de Guinea. El Banco Mundial estima que el país podría sufrir una pérdida de hasta el 2,3% de su PIB como consecuencia del estigma de que es objeto por parte de los turistas, los comerciantes y los inversores potenciales. El mundo ha puesto prácticamente en cuarentena a un país en el que el 43% de las personas que ya vivían con menos de 1,25 dólares al día antes de esta crisis de salud.

Una generación marcada
Esta parte del país se parece a una escena de Medicine man y la espesura del bosque debe estar llena de muchos depredadores peligrosos; sin embargo, estas amenazas son incomparables con los peligros del ébola.

El efecto devastador que tiene sobre toda una generación de niños es de gran alcance. Aunque Emile y Philomène sufrieron a causa de la enfermedad y la agonía, alrededor de 1.400 niños han quedado huérfanos como consecuencia de la muerte por ébola de uno o ambos progenitores. Además del trauma de perder a sus padres, ahora deben también hacer frente al estigma. Las familias que, en cualquier otra circunstancia, habrían acogido a estos niños tienen ahora demasiado miedo.

“La gente huye de sus aldeas, y abandona a sus familias y a sus hijos. Rechazan a los niños infectados y a los otros miembros infectados de la familia”, dice Fassou Isidor Lama, un Oficial de Protección de la Infancia de UNICEF. “Así que estamos trabajando para proporcionar apoyo directo a los niños, y también para acompañar a la familia para evitar su estigmatización”.

El contagio del miedo
A pesar de que la epidemia se ha agravado en Guinea y en otros países afectados –Sierra Leona y Liberia– en Meliandou no se han registrado nuevos casos desde abril. La comunidad sabe cómo identificar los síntomas y evitar su propagación, y la gente dice que el estigma está amainando, aunque muy lentamente.

Las 14 tumbas que se encuentran al lado de las casas solitarias de los primeros muertos por ébola en Guinea muestran que no es posible enterrar ni olvidar el dolor y el sufrimiento de esta comunidad. Y Meliandou ocupa para siempre un lugar en la historia como la zona cero de una epidemia que actualmente está muy por delante de la respuesta.

Al dejar el pueblo, me doy cuenta de que nada de lo que yo llevaba conmigo a Guinea –en mi cerebro o en mi maleta– había servido de profilaxis para mis sentimientos actuales. Mi paranoia se desmoronó cuando conocí al padre de Emile y me enfrenté con la verdadera cara del ébola. Se trata de una catástrofe global localizada: representa la destrucción de las familias, la ruptura de las comunidades, el colapso de los medios de vida y el silenciamiento de la risa de los niños.

Una versión de este artículo apareció originalmente en The Daily Maverick el 27 de octubre de 2014.

A health worker wearing personal protective equipment conducts a routine antenatal examination of a pregnant woman, at a healthcare facility in Monrovia. © UNICEF/NYHQ2014-1779/Kesner

Liberia: Llevando confort a los niños huérfanos a causa del ébola

Tona, mi hijo más pequeño, ha cumplido dos años. No pude estar con él en su día especial; no pude cogerle en brazos, jugar con él ni hacer ninguna de las cosas que se supone que hacemos los padres el día que sus niños cumplen dos años.

Pasé el día a miles de kilómetros de distancia, en un centro provisional de atención infantil en Monrovia, la capital de Liberia, rodeado de niños que recientemente habían estado en contacto directo con pacientes de ébola, muchos de ellos han perdido a un pariente o a un cuidador.

Dos niños del centro tenían síntomas de ébola la mañana de mi visita. Me pidieron que guardara cierta distancia con los niños para reducir el riesgo de contagio. Nunca había imaginado lo difícil y frustrante que sería en la realidad esta política de ‘no tocarse’. Olvídate de dar la mano. Nada de abrazos. Ni foto de grupo. Incluso empecé a pensármelo dos veces antes de sentarme en una silla.

El ébola golpea a estos niños dos veces. Primero se lleva a sus padres, después los ata al estigma, el rechazo e incluso el abuso. No tienen la atención, los cuidados y la comodidad que necesita un niño en momentos de angustia. A veces sus propios parientes tienen demasiado miedo para llevárselos. El temor al contagio se está haciendo más fuerte que los lazos familiares.

Una trabajadora de la salud que usa un equipo de protección persona lleva a cabo un examen prenatal de rutina a una mujer embarazada, en un centro de salud en Monrovia. © UNICEF/NYHQ2014-1779/Kesner

Una trabajadora de la salud que usa un equipo de protección persona lleva a cabo un examen prenatal de rutina a una mujer embarazada, en un centro de salud en Monrovia. © UNICEF/NYHQ2014-1779/Kesner

Para estos huérfanos por el ébola, lo primero, la unidad familiar. La opción preferida es siempre reunir al niño con otros miembros de su familia que puedan y quieran acogerlos. Pero con el fuerte estigma que acompaña a estos niños, a veces no es posible; de hecho, cada vez más. Como medida alternativa, el gobierno de Liberia puso en marcha hace dos semanas el primer centro provisional de atención en las afueras de Monrovia, con el apoyo de UNICEF y del Child Fund. Unos 14 niños huérfanos por ébola, con edades entre los 8 meses y los 17 años, que no tenían a donde ir, están siendo atendidos de forma temporal por trabajadores sociales que han recibido una formación específica.

Durante toda su estancia en el Centro provisional de Atención, todos los niños están bajo un control frecuente de cualquier síntoma, aunque sea la más baja de las fiebres. Durante los próximos 21 días -período de incubación del virus- se considera que estos niños están en riesgo de enfermar. Por eso, no importa lo saludables que puedan parecer, son niños a los que nadie puede tocar. Nadie, a no ser aquellos que han sobrevivido al ébola.

Los supervivientes del ébola quedan inmunizados frente a la enfermedad, y pueden ser una gran baza. Pero como ser superviviente no te convierte necesariamente en un buen trabajador social, los supervivientes necesitan pasar pruebas y recibir una formación. UNICEF ha formado a 20 supervivientes de ébola en cómo proporcionar cuidados y apoyo a niños que están pasando el doble trauma de perder a seres queridos, y de sentirse rechazados. En total, 50 supervivientes estarán implicados en el funcionamiento de los centros provisionales de atención, la mayoría de los cuales serán desplegados en las próximas semanas.

“Cuando me dijeron que tenía ébola, creí que iba a morir,” recuerda Decontee Davies, superviviente de 23 años que recibió la formación de UNICEF la semana pasada. “Mi madre y mis hermanos casi ni podían ir al mercado a comprar comida. Nadie cogía su dinero porque yo tenía ébola. No quiero que estos niños pasen por el mismo sufrimiento. No quiero que pasen hambre porque no tienen a una madre que les alimente y nadie quiere darles comida. Cuando dicen que quieren ver a sus hermanos y hermanas, no podemos permitírselo. Es duro. Es por eso por lo que trabajo aquí. Para ayudar a estos niños”.

“I don’t want these children to go through the same suffering. I don’t want to see them go hungry because they have no mother to feed them and nobody wants to give them food,” says Decontee Davies, 23-year-old survivor who is now caring for Ebola orphans at the ‘interim care center’ as she is immune. Decontee is one of the 20 survivors trained by UNICEF last week to provide psychosocial support to Ebola orphans. (c) UNICEF/2014/Laurent Duvillier

“No quiero que estos niños sufran lo mismo. Yo no quiero verlos pasar hambre porque no tienen una madre que los alimente y nadie quiera darles de comer”, dice Decontee Davies, sobreviviente de 23 años de edad, que ahora está cuidando a los huérfanos del ébola en el ‘centro interino de cuidado’, ya que ella es inmune. Decontee es una de los 20 sobrevivientes capacitados por UNICEF para proporcionar apoyo psicosocial a los huérfanos del ébola.
(c) UNICEF/2014/Laurent Duvillier

En África, donde he vivido durante años, los niños suelen salir corriendo para dar la bienvenida a los visitantes y darles la mano. Aquí, por primera vez en mi vida, he tenido que abstenerme de establecer cualquier contacto físico y de mostrar el signo de compasión humana más natural. Nunca me sentí tan cerca y a la vez tan lejos de un niño. Es una sensación horrible e incómoda.

Cuando estás a dos metros de la persona con la que estás hablando, conectar con ella es un reto mucho mayor. Pero lo intento. Empezamos hablando de fútbol, de nuestra comida preferida y de juegos. Martha (nombre ficticio), una niña de 11 años que llegó hace siete días con sus dos hermanos, de 5 y 9 años, sonríe y se abre. “Mi madre y mi padre murieron. Todo por el ébola”, cuenta Martha. “Aquí jugamos, comemos, nos duchamos y dormimos. Quiero irme a casa. Sé que no es posible ahora mismo. No sé si la gente donde vivía antes querrá que vuelva. Sé que me tengo que quedar aquí. Por lo menos estoy con mis hermanos. Soy la única persona que les queda”.

De repente, mientras hablamos, uno de los niños -su nombre es Daniel- se confía y se acerca. Demasiado cerca. Debe de tener unos 2 ó 3 años. Entonces yo dejo de hablar y, sutilmente, doy un paso atrás. El niño se da cuenta. Mis ojos delatan el miedo que experimento por dentro. ¡Me siento aterrorizado por un niño de 2 años!

Me lleva unos segundos recomponerme. En sus ojos no veo ningún miedo. Puedo leerle la mente diciéndome “No soy el virus; no soy tu enemigo”, me asegura. Mi miedo sigue ahí, pero dominado. Ni los rebeldes armados de República Centroafricana ni las réplicas del terremoto de Haití me asustaron tanto como el hecho de que este niño me tocara. ¡Trabajo para UNICEF y me he quedado paralizado por un niño vulnerable! Me entristece no poder abrazar a un niño, coger su mano o alborotarle el pelo.

Afortunadamente para estos niños, los supervivientes como Decontee pueden darles ese contacto humano -un abrazo, una palmada en la espalda, una caricia tranquilizadora que les recuerde que no están solos. UNICEF está trabajando con el gobierno de Liberia para que haya al menos un centro provisional de atención en cada uno de los cinco municipios más afectados en todo el país, para que los niños puedan tener un espacio seguro al que ir y recibir el cuidado y el apoyo que necesitan. Cada centro contará con supervivientes formados como trabajadores sociales, que pueden darles los abrazos que yo tanto deseaba, pero frente a lo que me detenían mis propios miedos.

Laurent Duvillier es Especialista en Comunicación Regional de UNICEF, con sede en Dakar. Actualmente está en misión en Liberia, uno de los epicentros del presente brote de ébola.

Una versión de este artículo apareció originalmente en The Guardian el 24 de octubre de 2014.